Editorial
Moderar el tono
A medida que se acerca el momento de las elecciones
generales de mayo de 2009, el tono del cuestionamiento al adversario se
hace más fuerte por parte de quienes aspiran a un puesto de elección.
Esto podría ser normal, bajo el punto de vista de la competición por el
poder, porque cada quien debe echar mano de sus fortalezas y poner en
evidencia las debilidades del contrario. Así funciona el discurso
político, por lo que comprendemos que esa acción forma parte de la
estrategia política por alcanzar el poder.
Sin embargo, las palabras denigrantes y el ataque artero resultan
censurables, porque contribuyen poco al diálogo de altura que esperamos,
y dejan heridas que dan paso al resquemor y al resentimiento. En poco o
nada contribuyen a ejercer la participación democrática sana, a mantener
el clima de respeto, y a crear el ambiente propicio para que el vencido
reconozca el triunfo del vencedor y, a su vez, el vencedor reciba el
respaldo cívico y se haga merecedor de la crítica honesta de quienes
tengan que desempeñar el papel de opositores.
Es necesario moderar el tono de los ataques entre unos y otros, para que
el proceso electoral se cumpla sin traumas ni situaciones que lo
empañen. El insulto y cualquier otra forma moralmente cuestionable son,
sin duda alguna, pasos hacia un camino tortuoso que llevará a la
perdición. Cuídense los candidatos de transitarlo. Preocúpense, más
bien, por preparar planes y programas creíbles y realizables, que le
ganen la simpatía y el apoyo de los electores. Es así como debe llevarse
una candidatura, para que resulte irreprochable y sirva para la
edificación del ejercicio de la política.
Competir por la Presidencia de la República, una alcaldía o una
diputación implica, al menos, convencer al ciudadano de las virtudes y
aptitudes que adornan al candidato, para que dé su sufragio a favor del
aspirante al puesto de elección. Tratar de ganar la simpatía del
electorado a costa de los males y las fallas del contrincante o, lo que
es peor, de acusaciones que no se puedan probar, flaco favor le hace a
quien intenta aprovecharse de eso. Queremos una política libre de
improperios, en donde la capacidad, los planes y programas, y la
honorabilidad de los candidatos y candidatas primen sobre la injuria y
todo aquello que en nada aprovecha para la edificación de la sociedad
panameña.
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