XXX Domingo del Tiempo Ordinario
 

Primera lectura:
Éxodo 22, 21-27 Si explotáis a viudas y huérfanos se encenderá mi ira contra vosotros.
Salmo 17, 2-4. 47. 51 Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

Segunda lectura:
1 Tesalonicenses 1, 5-10 Abandonad los ídolos y aguardad la vuelta del Hijo.

Evangelio:
Mateo 22, 34-40 Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo.

AMBIENTACIÓN LITÚRGICA

“¿Cuál es el mandamiento más importante de la ley?. Esta pregunta la hace un fariseo a Jesús. El pueblo de Dios tenía una multitud de leyes y preceptos. Eran unos 633. No había aspecto de la vida que se escapara del cumplimiento de ella. Israel estaba fuera de la ley porque no podía llegar a conocer y cumplir toda la ley por la multitud de normas.
Jesús rechaza algunos preceptos o normas con sus actuaciones en público. Responde al jurista: “Amar al Señor tu Dios y a tu prójimo, como a ti mismo”. Supera una vez más el legalismo y coloca a la persona cara a cara frente a Dios y al prójimo. El amor a Dios y al prójimo es lo importante para el creyente y el único criterio claro de discernimiento. Lo único que cuenta es el amor.
Jesús advierte que la voluntad de Dios debe llegar también, a todos los marginados. Es una actitud clave ante las palabras de Jesús. El nos enseña a amar como él amó.

MENSAJE BÍBLICO

Primera lectura: Éxodo. “Si explotáis a viudas y huérfanos se encenderá mi ira contra vosotros”. El Éxodo recuerda las leyes humanitarias destinadas a los emigrantes, las viudas, los huérfanos y los pobres. El Señor se compromete a defender y proteger, él mismo, a los desasistidos y desvalidos. Israel experimentó el amor de Dios durante su estancia de extranjero en el país de Egipto.
Segunda lectura: 1 Tesalonicenses. “Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo”. La comunidad cristiana no es convocada por iniciativa humana, sino por la llamada de Dios. Pablo felicita a la comunidad de Tesalónica por la actitud generosa con que aceptó el anuncio del Evangelio. Su testimonio es misionero, pues ha servido para una proclamación más rápida y eficaz de la Palabra.
Evangelio: Mateo. “Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo”. La fe cristiana no es sólo vertical u horizontal, sino que se manifiesta en un amor que abraza lo humano y lo divino. A la pregunta capciosa del jurista, Jesús proclama la verdad auténtica: “Amar a Dios y al prójimo”.

RESPUESTA A LA PALABRA
“Invitados a amar”
 

“El hombre, escribió Juan Pablo II, no puede vivir sin amar. El permanece para sí mismo como un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente” (RH 10). Jesús nos abre el camino de una nueva sensibilidad en la vida de los hombres con la identidad del amor de Dios y del amor del prójimo. El Papa Benedicto XVI en su Carta “Dios es amor nos dice: “Amor a Dios” y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios”. El amor es poner la vida a disposición de la vida del prójimo. Entregar, como Jesús, la vida para que el prójimo estuviese vida. Nuestra actitud poco auténtica con Jesús puede ofuscarnos la claridad del mensaje de Dios.

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