ahí debe estar la Iglesia
Cuando el cáncer avanza y camina


 

Sharon Pringle - sharon@panoramacatolico.com

Para conocer las dolencias del cáncer es preciso padecerlo, basta con estar en contacto con la persona que lo padece para experimentarlas. Anastacio Yap es un sacerdote que vive esta experiencia, y aunque solo tiene año y unos meses como capellán del Instituto Oncológico Nacional (ION), en sus palabras refleja la realidad de quienes viven esa enfermedad.
Desde una de las bancas de la Iglesia Santa Rita de Cascia, en Bello Horizonte, escuché la homilía dedicada a los pacientes que padecen de cáncer, con motivo de la Semana de la Salud. En ella, el Padre Yap explicó que así como Jesús se quejó en el Monte de los Olivos, los enfermos de cáncer tienen derecho a quejarse. Aunque quejarnos como Jesús en Getsemaní, no significa que nuestra vida será una completa queja.
La ciencia describe al cáncer como un crecimiento y propagación descontrolada de células anormales en el cuerpo. Las células son unidades vitales básicas. Los or-ganismos se componen de una o más, se dividen para producir más células sólo cuando el cuerpo lo necesita. En ocasiones continúan dividiéndose y crean más células, incluso cuando no son necesarias. Cuando eso sucede, se forma una masa de tejido extra que se denomina tumor, y puede encontrarse en todo tipo de tejidos, y ser benignos o malignos.
Rosa Gómez de Sánchez, feligresa que le ganó una batalla a un cáncer, mencionaba que: “Tener cáncer no es una experiencia fácil, es una cuestión dolorosa para el paciente y para su familia. Es una enfermedad que no es barata, trae mucho gasto, y la mayoría de los pacientes no estamos preparados para hacer frente a sus costos. Más cuando la persona no tiene seguro social, porque el Ministerio de Salud no tiene una partida destinada para los medicamentos que necesitan”.
Rosa opina que el apoyo eclesial es importante, tanto si se involucra en la prevención o si brinda acompañamiento en la etapa de tratamiento. Sin embargo, expresa que se puede dar de forma más integral. Por ejemplo: la Iglesia debe incluir el apoyo espiritual a la familia del paciente, y por qué no, contemplar el apoyo material.
Interrumpí mi pensamiento para escuchar al Padre Yap, quien con palabras sencillas, más que las que brindan los médicos, hizo docencia para ilustrar a los feligreses que desconocían esta enfermedad.
Debemos preguntarnos ¿Cómo se debe sentir el personal que lidia con los enfermos de cáncer, y que su esfuerzo no ayude a salvar a algunas vidas?
“En el ION hay mucha esperanza; de las familias de los enfermos, de los enfermos, del personal de salud. Es una escuela de fe, porque la fe es un poder. En algunas visitas al ION puede escuchar frases como: “Estoy listo para irme Padre… Ahora no Padre, no soy practicante… Padre ore por mí, póngame el aceitito…”
Es una experiencia de vida lidiar con estas personas. Es una nueva forma de vida. En el ION la Iglesia Católica hace una buena labor, a través de la compañía sacerdotal y del voluntariado. Así lo afirma Rosa Gómez de Sánchez, quien considera que a nivel de parroquias, esa contribución puede ser más óptima, mediante la coordinación, seguimiento y detección de estos pacientes en las comunidades. Por ello, concluye que “Aunque sientas que tu aporte es pequeño, tienes que tener la seguridad de que para un enfermo de cáncer es significativo”.

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