LA VOZ DEL PASTOR

Monseñor Audilio Aguilar
Obispo de Colón
El Anuncio del Evangelio, misión de la
Iglesia
La gracia de la creación, de la redención y la
salvación del hombre son un misterio de Dios; sin embargo somos llamados
a participar de este misterio. Este mes de octubre la Iglesia nos
invita a asumir el compromiso de anunciar el Evangelio. No es sólo en
el mes de octubre de cada año que debemos recordar nuestra obligación,
sino que cada día tenemos que ser conscientes de nuestra misión; sin
embargo, la Iglesia quiere que durante este mes oremos, hagamos
sacrificios y demos nuestro aporte económico para las misiones.
Dios, en su infinito amor ha creado al hombre pero quiere que participe
de la salvación que Él ofrece: “quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento pleno de la verdad” ( 1 Tim2,4). Razón por la
cual envía a su hijo y nos da el Espíritu Santo para que le conozcamos y
le amemos. Nuestro corazón anhela la felicidad, pero esta felicidad
solo la podemos encontrar en Dios.
El Dios Padre confía a la Iglesia este mandato de anunciar el mensaje de
Salvación que nos ha traído Jesucristo a todos los hombres. Y es tan
necesario este anuncio, que el hombre tiene derecho a llenar ese vacío
que sólo Dios puede saciar. Solo Jesucristo puede liberar al hombre del
pecado y convertirlo en Hijo de Dios. Por esto, es necesario anunciar a
todos, de modo sereno y positivo, la verdad cristiana en su integridad,
armonía y belleza que es fascinante y atractivo también al hombre de
nuestros tiempos. De este modo el hombre puede conocer la Verdad total
que es Cristo y vivir su existencia con sentido y en felicidad.
Todo cristiano tiene el derecho y el deber de anunciar a
Jesucristo. Podemos decir que este derecho y deber se convierte en una
exigencia profunda de la vida de Dios en él. Esta necesidad de anunciar
a todos el evangelio, nace en el cristiano del deseo de compartir con
los demás, todo aquello que es gracia y que es el gran don de la fe. El
mismo Jesús envía sus discípulos: “ Id por todo el mundo y proclamad el
evangelio a toda creatura; el que crea y sea bautizado, se salvará; el
que no crea, se condenará” (Mc.16, 15-16).
La Iglesia siempre ha cumplido esta misión y la seguirá cumpliendo. Es
derecho y deber de la Iglesia anunciar todo el evangelio a todos los
hombres, en el modo más fiel posible, evitando ambigüedades y reservando
a este anuncio el primer lugar dentro de todas sus actividades. Toda la
actividad de la Iglesia debe ser inseparable del empeño de ayudar a
todos a encontrar a Cristo en la fe. Esta norma de conducta ha sido
válida durante toda la historia de la Iglesia y continuará siéndolo
siempre.
La acción evangelizadora de la Iglesia no puede venir nunca a menos,
porque nunca faltará la presencia del señor con la fuerza del Espíritu
Santo, según su promesa “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo. ( Mt 28,20).
La sociedad actual tiene necesidad del anuncio del evangelio “ porque el
mismo no lleva al empobrecimiento o desaparición de todo lo que cada
hombre, pueblo, nación y cultura reconocen y realizan en la historia
como bien, verdad y vélelas. Es más, el evangelio induce a asimilar,
desarrollar y vivir todos estos valores con magnanimidad y alegría, y a
completarlos con la misteriosa y sublime luz de la revelación” (Slavorun Apostoli No.18).
De allí nuestra misión de anunciar a Jesucristo, para que el hombre viva
en armonía consigo mismo, con la sociedad, con la naturaleza y con Dios
su Padre; así mismo la sociedad podrá ser orientada hacia el bien común
y el respeto a los demás, valorando todo lo bueno que Dios ha creado
para la felicidad y el bien de todos.
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