Editorial
Cuña controversial
La reciente noticia que el Ministerio Público
investiga de oficio una cuña radial, que se opone a ciertos artículos de
la pretendida ley sobre derechos sexuales y reproductivos, es un hecho
que provocará polémica y pondrá a prueba el sistema de investigación
criminal.
Según se informó, la pesquisa de la Procuraduría General de la Nación se
hace de oficio y no porque alguien se haya quejado formalmente ante la
autoridad judicial. La investigación, bajo esta forma, es iniciativa del
propio Ministerio Público, y sobre esa institución recae la
responsabilidad plena de investigar y demostrar si en este caso existe
apología del delito.
A nuestro modo de ver, la intención de los auspiciadores de la cuña está
lejos de esa situación, porque es difícil pensar que se haga apología de
lo que se rechaza y se censura. Esto, al menos, desde el punto de vista
de la motivación y del propósito que se persigue con ella. Si hay alguna
falla en el lenguaje, desde la visión jurídica, eso no prueba, sin lugar
a duda razonable, la intención de sus autores de querer ensalzar un
delito e incitar al crimen.
Comprendemos que la autoridad debe investigar todo hecho punible, por lo
que debemos esperar el resultado de su investigación. Pero, también
hemos de entender el clamor de no pocos ciudadanos, quienes cuestionan
el papel de la justicia que demora en actuar ante crímenes evidentes,
que tarda en enjuiciar y dictar sentencia en muchos casos, y que falla
en probar la culpabilidad de algunos que recobran la libertad por
tecnicismos legales o errores procesales.
En el fondo, para nosotros, la cuña es el ejercicio del derecho a
disentir, a manifestarse y a expresar las propias convicciones. Si algo
de malo hay en ella, la razón es ajena a la intención, porque al igual
que el proyecto de ley que cuestiona, a veces no es tanto lo que se
dice, sino lo que se quiere decir.
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