Editorial
El derecho de todos
Con la presentación del proyecto de ley de salud
sexual y reproductiva ante la Comisión de Salud de la Asamblea Nacional
observamos ciertos hechos preocupantes, especialmente en la manera en
que algunas personas que lo apoyan se refieren a los cristianos, tanto
católicos como evangélicos, que lo adversan.
Tildar de fanáticos, retrógrados y fundamentalistas, entre otros
epítetos, a los cristianos que se oponen a algunos conceptos propuestos
en el proyecto de ley mencionado es, sin duda, un acto de discriminación
y conculcación de los derechos humanos que tiene toda persona de
profesar su fe y sus creencias públicamente. Es una actitud peligrosa
para la convivencia pacífica de la sociedad.
El hecho de discrepar y tener posiciones diferentes en cuanto a ciertas
materias de la ley de salud sexual y reproductiva, no da motivo para
tratar a un creyente de fanático o estúpido. Eso es ofensa y nada más
que eso. Si la ley es buena, que nos convenzan de las bondades de esa
ley, con argumentos y hechos irrefutables; si tiene aspectos
perjudiciales o negativos, entonces, que se corrijan. Así debe darse el
debate.
Recurrir al insulto y a la ofensa, por la condición de profesar una fe,
es un acto incivilizado y poco edificante; más aún cuando hay quienes
también se oponen, y no son conocidos por ser practicantes o militantes
de alguna iglesia. El derecho de disentir y expresarse es de todos; no
lo olvidemos.
Volver |