Conservemos a nuestras familias
“Es mejor prevenir que curar”


 

Patricia Delvalle

Es hora de hacer un alto en el camino, para reflexionar sobre: ¿cuál sería la forma para rescatar a nuestras familias?
Luego de escuchar diversos casos que he atendido en consultas como abogada especialista en Derecho de Familia, he podido comprender, entre otros importantes temas, que el origen de varias desavenencias conyugales se debe al des-conocimiento básico del “yo” para formar un “nosotros”. Arribo a esa conclusión porque he percibido que las personas no se conocen ni a sí mismas; conocerse implicaría tener claridad personal de metas, sueños, debilidades, defectos, reacciones usuales ante distintos hechos, y lo que debe o puede hacer para mejorar.
Durante el noviazgo las parejas suelen colocarse, erradamente, “máscaras”, en busca de aceptación, lo que trae como consecuencia una falta de comunicación real y eficaz, no llegando a conocerse profundamente, en cuanto a su personalidad, carácter y temperamento. Cabe destacar entonces, que en la convivencia cotidiana como esposos, todo aquello que se apreciaba como llamativo y deslumbrante, ahora en la intimidad bajo el mismo techo, no queda otra realidad que mostrarse cada uno tal cual es. Allí se inicia la mencionada “incompatibilidad de caracteres” y todo lo que de la misma deviene: incomprensión, resentimiento y desilusión.
Observo además que en la etapa del noviazgo, no se profundiza en temas fundamentales como: las cargas económicas del hogar, responsabilidades compartidas, sobre los hijos que se desean tener y los valores a inculcar, sobre objetivos en común, entre otros aspectos de suma importancia, los cuales requieren un conocimiento u orientación previa al matrimonio.
Trascurrida gran parte de la entrevista, las personas con mucha carga emocional, me han comentado: si hubiese sabido que nuestras formas de ser no se complementaban, si hubiese cultivado el diálogo y la comunicación, si hubiésemos hablado sobre los hijos, no planificamos la economía del hogar, mi pareja no me valora como persona, no sabía como podía atender todo esto. Concluyo que no hay una preparación oportuna para la decisión más importante y trascendente de nuestras vidas, que es formar familia.
Dolorosamente, pareciera que el matrimonio se esta convirtiendo en una decisión de suerte y azar; no una decisión en la que la pareja busca ser orientada y asesorada para poder evaluar todos los aspectos que se requieren tener en consideración para construir su familia. Considero que la fórmula para contrarrestar lo que está sucediendo con las familias es la prevención, que sólo se logrará con educación, formación e instrucción, tanto en la etapa del crecimiento personal, como en la etapa de buscar un “nosotros”.
Es necesario acostumbrarnos a buscar orientación y ayuda en los asuntos de familia antes del matrimonio, antes de las crisis, para contar con los conocimientos necesarios, a fin de hacer un proyecto planificado en común y mantener un hogar conformado. Sin embargo, estamos más acostumbrados, equivocadamente, a buscar orientación y asesoría para disolver y no para construir y mantener el matrimonio. Es así como se busca, rápidamente, asesoría para solicitar los alimentos, para el divorcio, y para diversos procesos de orden ya judicial. Se tiene la costumbre de adquirir preparación y asesoría para librar batallas contra quien fue la persona que se escogió como pareja. Así las cosas, estamos perdiendo el rumbo y no prevenimos; estamos mal curando, pues nadie que sale de un divorcio puede decir que tuvo un buen proceso.
Tocaría reflexionar que nadie llega a ser un profesional exitoso, si no se preparó con dedicación y esmero, por años, para ser un gran médico, periodista, abogado, entre otras importantes profesiones u oficios. Resulta que, para la esencia de nuestra vida y el soporte de todo lo demás, incluso, llegar a ser buenos profesionales, no nos preparamos día a día. No se dedica tiempo, ni espacio al conocimiento y crecimiento personal, para poder entonces formar pareja y procrear hijos saludables emocionalmente.
Cabe destacar, que la única preparación que existe para el matrimonio, es la que hace la iglesia católica con los Cursos prematrimoniales. No obstante, para los matrimonios meramente civiles, al momento no hay formación; sólo la introducción a la ceremonia que pueda hacer las autoridades competentes para instar a las partes a los compromisos y responsabilidades que implica el matrimonio.
Se hace urgente y necesario un replanteamiento a todo nivel: personal, empresarial, social y gubernamental, sobre la labor preventiva que tenemos que implementar para construir familias duraderas. La educación y orientación oportunas son la respuesta. La familia es lo primero, luego viene todo lo demás.
Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.

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