Según “Familiaris Consortio”
La enseñanza de la Iglesia Católica
sobre la educación sexual


 

  • "La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos…"

  • La educación para el amor como don de sí constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada."

  • Puesto que los padres han dado la vida a sus hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos.

Adolfo J. Castañeda, S.T.L.

Al tratar el tema de la educación sexual, inmediatamente nos encontramos con una primera dificultad: la del uso que se le da al término "educación sexual". Para las organizaciones antivida, enseñar educación sexual significa darle a la juventud una información sexual explícita y desprovista de valores morales, con un lenguaje y una metodología que no respetan la modestia natural de los niños ni la autoridad de sus padres. A esta educación sexual le podemos llamar "educación sexual hedonista", para distinguirla de una positiva y prudente educación sexual, que los padres, en el momento oportuno, deben darle a sus hijos.
Para las personas que respetan la vida y la familia, enseñar educación sexual significa formar los valores inherentes a la sexualidad humana, que son la transmisión de la vida y la expresión del amor conyugal y cuyo objetivo es que los jóvenes respeten dichos valores por medio de la virtud de la castidad. Sin embargo, a algunos en el movimiento a favor de la vida y la familia, no les gusta este término y prefieren usar otros, como "educación en el amor" o "educación para la castidad", etc., términos que parecen ser más adecuados.
La enseñanza pontificia más reciente del Magisterio sobre la educación sexual se encuentra en el número 37 de la exhortación apostólica de Juan Pablo II, "Familiaris consortio", sobre la misión de la familia cristiana en el mundo actual, publicada en 1981. Lo primero que nos enseña el Papa aquí es que la educación sexual debe ser situada en el contexto de una educación para el amor, dada por los padres de forma delicada: "La educación para el amor como don de sí constituye también la premisa indispensable para los padres, llamados a ofrecer a los hijos una educación sexual clara y delicada". Es decir, los padres deben usar un lenguaje y un modo de comunicación que respete la modestia natural de sus hijos, y que no se convierta en una ocasión más de incitación al pecado, sino que resulte en un correcto aprecio del don de la sexualidad humana y de la castidad. "En este contexto es del todo irrenunciable la educación para la castidad, como virtud que desarrolla la auténtica madurez de la persona y la hace respetar el `significado esponsal' del cuerpo”.
Lo segundo que nos enseña el Vicario de Cristo es que, "La educación sexual, derecho y deber fundamental de los padres, debe realizarse siempre bajo su dirección solícita, tanto en casa como en los centros educativos elegidos y controlados por ellos”. La escuela, y más aún la que es católica, no puede nunca imponerles a los alumnos un programa educativo, especialmente en materia de sexualidad, con el cual los padres no estén de acuerdo y sobre el cual no tengan control. Por eso el Papa continúa diciendo: "En este sentido la Iglesia afirma la ley de la subsidiaridad, que la escuela tiene que observar cuando coopera en la educación sexual, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres". La ley de la subsidiaridad significa aquí, que la escuela no debe ni suplantar ni absorber la labor educativa de los padres hacia sus hijos, sino ayudarles en dicha labor. Esto obedece a la enseñanza de la Iglesia que dice: "Puesto que los padres han dado la vida a sus hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole, y por tanto hay que reconocerlos como los primeros y principales educadores de sus hijos".
En su encíclica "Divini illius magistri" de 1929, sobre la educación cristiana de la juventud, el Papa Pío XI les reserva a los padres la delicada tarea de una prudente educación sexual, en la cual se incluya una respetuosa referencia a las partes íntimas del cuerpo humano: "En este delicadísimo asunto, si, atendidas todas las circunstancias, se hace necesaria alguna instrucción individual, en tiempo oportuno, dada por quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado, hay que observar todas las cautelas, sabidísimas en la educación cristiana tradicional". En la frase "quien ha recibido de Dios la misión educativa y la gracia de estado", el Papa Pío XI se refiere a los padres. Esto se corrobora por lo que él mismo dice a continuación: "Importa...sumamente, que el buen padre, mientras hable con su hijo de materia tan lúbrica, esté muy sobre aviso, y no descienda a particularidades y a los diversos modos con que esta hidra infernal [es decir, el vicio de la lujuria], envenena tan gran parte del mundo, a fin de que no suceda que, en vez de apagar este fuego, lo excite y lo reactive imprudentemente en el pecho del sencillo y tierno niño".
¿Cómo entender entonces la enseñanza de Familiaris consortio 37, de que la educación sexual debe realizarse bajo el control de los padres, tanto en casa como en la escuela? En primer lugar, esta enseñanza no debe entenderse como una puerta abierta a la educación sexual de cosas íntimas en el ámbito de una clase.
Sería absurdo pensar que una exhortación apostólica como la Familiaris consortio fuera a ir en contra de una prohibición de Pío XI, que se encuentra en un documento de mayor autoridad magisterial, como lo es su encíclica Divini illius magistri. La referencia a la escuela, por parte de Juan Pablo II, se refiere a la cooperación que ésta debe darle a los padres en esta delicada tarea, y nunca a su sustitución, como ya se indicó anteriormente al explicar el principio de subsidiaridad aplicado a la escuela en relación con los padres.

Nota: El autor fue profesor de teología moral en el Seminario Regional San Vicente de Paúl en Boynton Beach, Florida, EE.UU. Actualmente es coordinador au-xiliar para Latinoamérica de Vida Humana Internacional.

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