Editorial

Ley de salud sexual
y reproductiva

 

La presentación del proyecto de ley integral de salud sexual y reproductiva, ante la comisión legislativa competente, ha intensificado el debate público sobre el tema, lo que resulta sano porque es en ese escenario en donde debe discutirse toda norma que afecte a la sociedad.

El documento propuesto contiene aspectos que rechazamos, por entrar en conflicto con la doctrina y los principios cristianos, a pesar de la participación de representantes de la Iglesia en las reuniones de preparación. Aunque algunos planteamientos fueron aceptados, otros no. Por tanto, la asistencia a las reuniones previas y la inclusión de algunas observaciones, en manera alguna, debe interpretarse como un aval a todo el proyecto de ley de salud sexual y reproductiva.

Una legislación de este tipo es conflictiva, por las implicaciones que tiene y sus repercusiones en el tejido social y en el orden de los valores morales. Es por eso, que su discusión y análisis exige un discernimiento profundo sobre su texto y su contexto. Toda norma legal es obligatoria, y toda ley está sujeta a la reglamentación y la interpretación de las autoridades, razón por la cual toda duda y todo sentido ambiguo debe ser esclarecido o eliminado, según sea el caso.

Son esas dudas y esas ambigüedades las que, en este momento, flaco favor le hacen al proyecto de ley integral de salud sexual y reproductiva. Son algunos principios y términos contrarios a nuestra doctrina, los que, también, la hacen inaceptable para los cristianos. Y pensar de esta manera no es imponer la doctrina al resto, porque la Iglesia propone y el hombre, en su libre albedrío, acepta o no la creencia de fe. Lo que sí se impone es la ley y, en este caso, no somos los cristianos quienes queremos imponer una ley.

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