A TIRO DE PIEDRA
Tecnología para la educación
Los intentos por equipar a
las escuelas de computadoras y otras tecnologías de la informática son
loables; sin embargo, la inversión material podría perderse si el
recurso humano docente permanece lejos del manejo de esos adelantos,
detrás del conocimiento actualizado de los alumnos.
Modernizar la educación reclama de las instituciones y los actores un
esfuerzo real y concreto, para que sean capaces de alcanzar la meta que
se propone. ¿De qué vale tener las más modernas computadoras, si muchos
de los docentes aún ignoran el mundo del correo electrónico? La
resistencia de los educadores al cambio impide el desarrollo de una
educación moderna, porque parte de su lucha está cargada de una
ideología que persigue objetivos políticos ajenos a la educación y que
disfraza, con sentido reivindicativo, su verdadero fin.
El proceso de instrucción escolar tiene dos piezas importantes: el
educador y el educando. Ambos interactúan en el ambiente institucional
que da forma completa al aparato educativo. Quien enseña debe ser capaz
de transmitir los conocimientos de manera eficaz, para que quien aprende
pueda desarrollar sus habilidades plenamente. Si el docente se anquilosa
o deja de ejercitar la tarea de adquirir nuevos conocimientos, el
resultado de la instrucción que imparte será deficiente y, por ende,
todo lo que a partir de esa limitada enseñanza se derive.
Opino que los primeros en aprender a usar las computadoras y las nuevas
tecnologías deben ser los docentes. Sé que se han hecho esfuerzos,
algunos a través del Inadeh (Instituto para el Desarrollo Humano), pero
con mucha dificultad; más por causa del factor humano que por otra cosa.
La situación demanda de los educadores un esfuerzo mayor, porque el
actual es insuficiente para lograr la meta de modernizar la educación.
Parte de ese esfuerzo, sin duda, es que deje de usarse la enseñanza como
arma política. Las reivindicaciones, especialmente las monetarias,
pueden reclamarse por otra vía que no sea la pérdida de clases y el
rechazo al cambio tecnológico por acción u omisión.
Mientras más tarde el cambio de mentalidad, más grande será la distancia
que nos separará de la excelencia académica. Superar la mediocridad
actual es un desafío a la voluntad de los actores de la educación,
principalmente los docentes. Gobiernos van y vienen en el corto periodo
de vida constitucional de 5 años, pero el educador permanece más de 20
años en el sistema educativo. Quien puede realmente hacer la diferencia
es el docente, porque está más tiempo en el aula. Los gobiernos y los
padres de familia duran lo que una elección le permite o el tiempo que
sus hijos asistan a la escuela. El cambio debe empezar por los
educadores.
Transformar la educación nos compete a todos, porque a todos nos afecta.
Al alumno que saldrá pobremente preparado para enfrentarse al mundo, al
padre de familia que busca lo mejor para su hijo y ve desperdiciado su
esfuerzo, a las empresas que no podrán ofrecer trabajo a la mayoría, y
al docente que también pierde la posibilidad de progresar en su
conocimiento y su carrera. Si los obstáculos se vencen, podremos
alcanzar la meta de la modernización de la educación con ganancia para
todos.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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