|
CULTURA RELIGIOSA
Los cristianos sofocados por el Islam

Algunos dicen: "El Islam es sólo violencia", y esto no es verdad.
Otros dicen: "Islam quiere decir sólo tolerancia y paz", pero también es
falso.

Entrevista al P. Samir Khalil Samir, SJ,
Profesor en Roma y Beirut de relaciones islamo-cristianas
Algunos sectores, como la ginecología, están prohibidos a los
cristianos. Antiguamente, los ginecólogos eran casi todos doctores
cristianos. Ahora, dado que los cristianos -con manos "impuras"- no
pueden tocar a las mujeres, la casi total mayoría de ellos es musulmana.
Estas son algunas partes del diálogo que el P. Samir
sostuvo con la Agencia Fides.
¿Qué dificultades tienen y que discriminaciones sufren los cristianos
en países musulmanes?
Parto de mi experiencia egipcia y libanesa, donde vivo. La primera
dificultad es que el Islam es a la vez política y religión, sin
posibilidad de separación. Esto lleva consiguientemente a la idea de un
Estado islámico, a que en todos los particulares se aplique la sharia
islámica, la ley civil inspirada por el Corán, en los dichos y hechos
del Profeta y de la tradición musulmana de los primeros cuatro siglos:
esto constituye una gran dificultad para afrontar la modernidad. La
referencia a tal pasado es, en efecto, difícil: otra cultura, otro
contexto, en el que el pluralismo no era un principio, sino sólo un
hecho esporádico.
La segunda dificultad es la omnipresencia del Islam en la vida. El Islam
influye también sobre las costumbres: si dos jóvenes caminan tomados
dignamente de la mano por la calle, sucede un incidente. Si un cristiano
lleva la cruz al cuello, los fundamentalistas se la arrancan, con
frecuencia con la fuerza. Esto sucede menos ahora, pero sólo porque los
cristianos se auto-censuran para prevenir enfrentamientos. En la
universidad, casi sistemáticamente, los exámenes son en Pascua o en
Navidad. Los cristianos pueden tomarse vacaciones esos días pero, a
causa de los exámenes, no pueden dejar la universidad.
Hay, pues, una omnipresencia del Islam, que es su característica y su
fuerza. El Islam es din, wadunya, wa-dawla: religión, sociedad y
política.
La vinculación entre religión, sociedad y cultura, no es un mal de
por sí.
No, pero este estilo de vida no deja espacio, es invasor. Y los
musulmanes dicen: "¿Por qué os lamentáis? Nosotros somos la mayoría. En
los países democráticos es la mayoría la que decide". Pero una cosa es
la mayoría política y otra la religiosa. La política es contingente,
puede cambiar con una elección, está ligada a las personas. Las
religiones, sin embargo, son más permanentes: no se cambian fácilmente.
Esto hace que este estilo de vida islámico sea opresivo. El problema es
que este estilo opresor no está codificado por leyes. Y así, los
occidentales dicen a los cristianos de Oriente: "¿Por qué os lamentáis?
¡No hay leyes opresivas!".
Otro hecho muy pesante, no escrito en las Constituciones, es la
discriminación en el trabajo. Esto sucede desde hace decenios. Si busca
trabajo, en base al nombre se descubre que uno es cristiano o musulmán
y, entonces se dice a los cristianos: "Lo siento, no tenemos trabajo".
Si llega un musulmán, encuentra un puesto.
¿Y la libertad de convertirse de una religión a otra?
Este elemento es absoluto. Según la enseñanza tradicional islámica, la
apostasía es condenada con la pena de muerte, con frecuencia conmutada
en cárcel. También en países liberales, como el Líbano, es imposible
abandonar el Islam. En el Líbano, si una mujer musulmana se casa con un
cristiano, no puede abandonar el Islam. Si una mujer cristiana se casa
con un musulmán, la ley coránica prevé que la mujer permanezca siendo
cristiana. Pero, si lo hace, por ley no puede heredar. Los hijos, aunque
estén bautizados, son oficialmente musulmanes.
El Islam parece, pues, una religión totalizante.
El Islam es una fuerza asimiladora en sentido único: se estimula el
ingreso, pero se impide la salida. En Egipto, los cristianos -al menos
el 10% de la población- para construir una iglesia deben pedir permiso
directamente al Presidente de la República, además de otros permisos y
condiciones, que se obtienen sólo con gran dificultad. Y pensar que los
cristianos no piden nada al Estado: ni ayudas económicas, ni terreno,
etc. (a diferencia de lo que sucede en Europa con los musulmanes). Al
final, gran parte de las iglesias que se han construido, se hicieron
aprovechando apoyos, trucos legales, usando terrenos lejanos de la
ciudad, etc. Todo ésto hace la tradición islámica muy ambigua. Y tal
ambigüedad va dicha y es afrontada. ACI Prensa

|
|
|
Terrorismo
 |
El Corán
 |
| Hay que hacer notar, en
efecto, que el terrorismo no es extraño al Islam, como con
frecuencia se repite es "buenísimo". El terrorismo islámico,
o mejor la violencia islámica, tiene su raíz en el Corán y
en la Sunna, es decir, en la práctica del Profeta. |
Hay que afrontar también
el problema de la incredulidad. El Corán admite un espacio
para los no musulmanes (cristianos y hebreos), pero no para
los incrédulos, ateos y animistas. |
Volver |