Editorial
Candidatos
Ya casi cerrado el proceso de elección interna de los
partidos políticos, el país cuenta con los candidatos a puestos de
elección que aspiran a integrar el gobierno en las instituciones
administrativas y legislativas de la república. Miles son los que desean
llegar al cargo que pretenden, y para ello harán uso de tácticas y
estrategias de campaña que le ganen el favor de los electores.
Sobre esto último es obligante recordarles que cada cargo electoral,
desde la Presidencia y la Vicepresidencia hasta el de representante de
corregimiento y concejal, pasando por los alcaldes y diputados, debe
ejercerse con verdadero sentido de servicio y con clara conciencia de
búsqueda del bien común de la comunidad y la nación.
Que en el trayecto del camino electoral prime la decencia, impere el
respeto hacia el adversario, y prevalezca la honestidad en cada uno de
los actos de los candidatos y candidatas. El ataque artero, la ofensa y
la mentira deben erradicarse de los discursos de campaña; igualmente
debe vencerse la tentación de superar al adversario con frases y
acusaciones falsas o denigrantes. Nada justifica esos medios para
alcanzar el fin de hacerse elegir.
Especial deber le cabe también al pueblo, en el escrutinio de los
candidatos y de su trayectoria. Que cada persona, hombre o mujer, que
aspira a un puesto de elección sea auscultada minuciosamente por los
electores. Es preciso averiguar acerca de su honradez, su buena fama, su
disposición de servicio, y sus virtudes éticas y morales. Ninguno que
repruebe este examen merece ser elegido, por más abrazos y besos o
canchas de juego que prodigue. Si queremos cambiar la forma de gobierno,
en nuestras manos está al momento de ejercer el sufragio. Aún estamos a
tiempo.
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