LA VOZ DEL PASTOR

Mons. Fernando Torres Durán
Obispo de Chitré
Mensaje del Primer Obispo José María
Carrizo el 21 de julio de 1988
Al conmemorarse el XLVI aniversario de la erección
de nuestra diócesis, referimos como historia de nuestro caminar
diocesano el mensaje que diera nuestro predecesor, y primer Obispo de
Chitré, Monseñor José María Carrizo Villarreal, el julio 21 de 1988, en
las Bodas de Plata de la Diócesis:
“Con sentida satisfacción y un gran gozo espiritual me dirijo a todos
los fieles diocesanos en este año especial para nuestra querida Diócesis
de Chitré cuando celebramos el XXV aniversario de su creación canónica
por el Papa Juan XXIII siendo Nuncio Apostólico Monseñor Antonino Pinci.
Muchas cosas han sucedido durante este cuarto de siglo en las Provincias
de Herrera y Los Santos, extensión geográfica de la Diócesis. Como su
primer Obispo sentí que una pesada cruz caía sobre mis hombros al
aceptar por voluntad del Señor, el régimen y administración de esta
Iglesia.
No es tarea fácil organizar una Diócesis recién creada, pequeña y sin
personal; buscar alojamiento para el Obispo y sus oficinas. Gracias al
Señor y ala ayuda de laicos comprometidos fuimos superando las
dificultades y solucionando los problemas. Al poco tiempo pudimos
duplicar el personal, al lograr la venida de los Padres Agustinos, que
trabajan en la la Parroquia de San Juan Bautista de Chitré y de los
Padres Redentoristas en la Parroquia de Santa Librada en Las Tablas.
Igualmente reforzaron nuestro equipo de trabajo las Hermanas Oblatas al
Divino Amor, que trabajaron en la Parroquia de San Miguel de Monagrillo;
las Hermanas Franciscanas que trabajan en la Parroquia eje Pocrí y las
Hermanas Betlemitas en la Parroquia de Tonosí. Con la cooperación de
todos hemos podido ordenar de sacerdotes a ocho jóvenes azuerenses.
Vinimos a un pueblo con historia, tradición, fe y sentido comunitario. L
a gente azuerense profesa una fe de la cual se siente orgullosa y cada
día quiere hacerse más ilustrada y dinámica. Paralela a su creencia
católica caminan la igualdad y la fraternidad de sus habitantes. No se
dan diferencias sociales llamativas y en el trato entre sus moradores
prevalece la cordialidad. Todos trabajan con tesón y honestidad, tanto
en las faenas de la campiña como en las actividades laborales y
profesionales. Reconociendo tan ricos tesoros humanos y cristianos, hay
que seguir avanzando al ritmo de los tiempos. La Iglesia tiene que ir
renovándose periódicamente. Por eso apoyamos y bendecimos la Nueva
Misión 1988 realizada, principalmente, por laicos comprometidos con la
nueva Evangelización de la Iglesia Panameña. ‘Evangelización nueva en su
ardor, nueva en sus métodos nueva en su expresión’ (S.S. Juan Pablo 11
el 12 de octubre de 1984, en Santo Domingo).
Todos somos misioneros, evangelicemos siempre; todos estamos llamados a
ser servidores y constructores de la Iglesia de Cristo. Trabajemos todos
unidos y con dedicación como buenos católicos en bien de la Diócesis.
Finalmente, quiero aprovechar esta feliz oportunidad para exhortarles a
todos mis diocesanos a seguir adelante con ilusión y fe. ‘En el Señor
confío’, Lema que he tenido presente en mi ministerio episcopal. Nuestra
fuerza pues está en Cristo y en la poderosa intercesión de la Virgen
María”.
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