A TIRO DE PIEDRA
De vuelta al campo
El abandono de la producción
agrícola por más de una década, en distintas partes del mundo, obliga a
los países a retomar el cultivo de la tierra dentro de sus fronteras de
cara a alcanzar la llamada “seguridad alimentaria”. Una globalización
mal entendida, en su concepción y su práctica, y el desordenado comercio
de productos extranjeros en detrimento del productor local son los
principales factores de la crisis mundial actual, en materia de
autoabastecimiento alimentario de los países.
Aprendida la lección, algunas naciones comienzan a fomentar la vuelta al
campo, para motivar al campesino y a los pequeños productores a cultivar
la tierra para el aprovisionamiento interno. Pero esto, al igual que el
resto de la actividad agropecuaria e industrial doméstica, debe hacerse
con una clara visión de la meta a alcanzar. La improvisación y el
desorden, de darse, igualmente traerán desazón y fracaso.
Los primeros años de la globalización trajeron caos, como toda
alteración de un sistema ya existente, para pasar a otro. Había que
probar el sistema glo-bal para conocer sus consecuencias. Ahora sabemos
que no todo es exportación ni importación para suplantar el producto
local; se trata, más bien, de orientar la producción de bienes y
servicios hacia ambas direcciones. Las empresas deben tener la capacidad
de trabajar en un sistema dual, combinando el acceso al mercado
internacional con su participación en el mercado local, según la
actividad que desempeñan.
De esa realidad no está exento el sector agrícola. Si vuelve al sistema
anterior, se le hará difícil sobrevivir y competir, tanto dentro como
fuera. El punto en donde se vio forzado a abandonar la actividad
productiva, en nada se parece al momento actual en que debe retomarla.
Es preciso hacer una actualización en el método, la tecnología y la
manera de acceder al mercado. La nueva realidad le presenta retos como:
los costos de producción y la calidad del producto, el uso racional de
la tierra, y el desarrollo de una actividad sustentable y sostenible.
Veo con simpatía la iniciativa de ayudar al productor agrícola; pero
siento aprensión con respecto a la formación que puedan recibir para
afrontar la nueva realidad. Se hace énfasis en el crédito, la provisión
de semillas y un poco en el mercadeo; pero poco he oído de trasladar el
conocimiento de forma institucionalizada. Es todo un desafío, y
enfrentarlo reclama un esfuerzo mayor que integre todos esos componentes
para obtener resultados aceptables.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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