VOCACIONES ABIERTAS A LA VOLUNTAD DEL SEÑOR
Sacerdotes testigos del amor de Dios


 

  • La falta de sacerdotes es ciertamente la preocupación constante de la iglesia que peregrina en Panamá siempre dispuesta a acoger, acompañar y animar a quienes se sienten llamados por el Señor a seguirlo, como respondieron Francisco Verar, Carlos Mejía, Rómulo Aguilar y José Domingo Ulloa, hace casi 25 años.

Betzaida Toulier U. btoulier@panoramacatolico.com

Francisco, Carlos, Rómulo y José Domingo conocieron a Dios desde niños y, poco a poco, la amistad los fue inundando a todos a través de la oración, la Eucaristía diaria, la dirección espiritual, en el seno familiar que acompañaron y orientaron sus vocaciones a la vida sacerdotal.

Mons. José Domingo Ulloa
Su inquietud vocacional no fue sorpresa para su familia porque desde la infancia manifestó admiración por los sacerdotes a los que asistía como monaguillo; acostumbrado además a ver el testimonio de sus abuelas que con mucho cariño y respeto apoyaban la acción pastoral del párroco del pueblo donde creció.
Su posterior decisión de consagrarse al sacerdocio ministerial la descubrió a través de la palabra de Dios, de la oración diaria y asidua participación en la Eucaristía, y sobre todo, estar siempre abierto a la voluntad de Dios.
La respuesta libre al llamado de Cristo y el largo camino formativo de preparación al sacerdocio y la fiel confirmación sucesiva, fueron dando mayor firmeza a su decisión hasta llegar al momento de su ordenación. “En ese momento me postré en el suelo del templo para expresar mi completa disponibilidad a emprender el ministerio que se me confiaba”, recuerda Mons. José Domingo Ulloa.
Ese rito marcó profundamente su existencia sacerdotal y aunque el camino no ha estado exento de dificultades, Cristo siempre está presente y su amor es lo más importante, destaca el ahora Obispo Auxiliar de Panamá. “El me eligió para que en medio de mi debilidad pueda seguir actuando en su nombre: bautizando, predicando su palabra, perdonar con su poder, actualizar la pascua de la Eucaristía, es un regalo que nunca alcanzaré a comprender y nunca terminaré de agradecer”, dice emocionado Mons. Ulloa.

P. Francisco Verar
Su vocación estuvo marcada por dos acontecimientos, el primero está ligado a su infancia cuando realizaba estudios en la escuela primaria en Don Bosco, impactado por las homilías del párroco cada domingo, y el segundo, cuando a partir de los 20 años comenzó a participar en retiros y grupos de oración de la renovación en el Espíritu Santo.
El P. Verar respondió al llamado y logró alcanzar su deseo de ser sacerdote y ha vivido su vocación sostenido con la oración personal y comunitaria, y el ejercicio del ministerio a través de la predicación. “Debo reconocer la importancia de la presencia de la Santísima Virgen María, siempre presente en mi ministerio” resalta Verar.
Para este consagrado sacerdote celebrar la Eucaristía diariamente y la confesión sacramental es su vida, aunado a su trabajo con los jóvenes en dificultad y los matrimonios en crisis.
Lo más difícil que ha encontrado desde el principio de su ministerio ha sido la poca perseverancia, la falta de compromiso y de seriedad con el mensaje de Jesucristo y la indiferencia de muchas almas ante su mensaje.
En sus palabras hay una constante preocupación por la salvación de las almas. “Me da mucho dolor cómo cada día el hombre se destruye así mismo y a los demás a pesar de que Jesucristo ofrece siempre un manantial de agua viva y es el amigo que nunca falla” señala el P. Francisco Verar, dedicado al servicio de Cristo y de los hermanos.

P. Rómulo Aguilar
Al igual que el P. Verar, su inquietud por la vida sacerdotal empezó desde muy pequeño y declara categóricamente que “soy de esos llamados por el Señor desde el vientre de tu madre”. (cf. Jer 1,5).
Cuenta que desde pequeño le atraía, y mucho, asistir a la iglesia, sobre todo le llamaba la atención la persona de su párroco en aquel entonces, Padre José Dimas Cedeño Delgado. “Sentía muy dentro de mí que me gustaría llegar a hacer lo que él hacía, tanto es así que organizaba mis misas, improvisaba los implementos, un poquito de soda era el vino, un pedazo de galleta era la hostia, y mi asamblea mis muchos hermanitos, acción que contemplaba mi madre sin imaginar que con los años se convertiría en una bella realidad” expresa con emoción el P. Aguilar.
Su inquietud vocacional fue madurando y a los 19 años ingresó al Seminario Mayor San José donde recibió sus formación y con la oración y la meditación de la Palabra pudo confirmar ese llamado del Señor aceptando seguirle para servir a su reino en la iglesia que peregrina en Panamá.
Vivir su vocación sacerdotal no ha sido fácil pero para cuidarla ha sido constante en alimentarla con la oración diaria, la meditación de la Palabra de Dios, la Eucaristía frecuente y la dirección espiritual, elementos fundamentales en su ministerio.
No duda en ratificar que lo más bello de su vida es ser sacerdote y a través de los años confirmar con alegría y humildad que el Señor lo eligió para ser sacerdote para siempre.
Confiesa que lo más difícil de su ministerio ha sido tener que hablar de la alegría cuando a lo mejor ha estado triste, pero también le ha sido igualmente difícil saberse admirado y amado por unos y no muy aceptado y criticado por otros. “Es importante decir que en todo momento he visto la mano del Señor que me ha fortalecido y me ha ayudado para no sentirme vencido, sino que me ha animado para seguir adelante” afirma.
La perseverancia, la fidelidad, la lealtad, el amor a la iglesia, la fraternidad sacerdotal son valores a cultivar por este sacerdote que siente que hay que seguir orando por las vocaciones para que hayan más jóvenes que se unan en la tarea de extender el Reino de Dios entre nuestra gente de Panamá.

P. Carlos Mejía
El Padre Carlos Mejía supo que quería dedicar su vida al sacerdocio, tras una experiencia de vida comunitaria juvenil promovida por dos jóvenes norteamericanos que llegaron a misionar a la parroquia Inmaculada Concepción de Pacora cuyo párroco atendía además la Iglesia de San Cristóbal de Chepo. “Debo decir que tuvimos la gran dicha de contar con buenos sacerdotes, admirables por su consagración y entrega, pero también muchas veces nos quedamos sin celebraciones dominicales por falta de ministros consagrados” advierte el P. Mejía.
Ante la ausencia del párroco, fue creciendo su inquietud sacerdotal, hasta que llegó a tomar la decisión de ingresar al Seminario Mayor San José donde se formó para ser sacerdote, y servir al Señor, en su Iglesia.
“Durante todos estos años me he sentido amado por Dios, que me eligió, de en medio de un pueblo de labios y corazón impuro, para servirle a través del ministerio sacerdotal” comenta el ahora, Rector del Seminario Mayor San José.
De su labor pastoral le duele el no ser siempre coherente con la vocación y no ser el profeta que nuestro Panamá necesita y poder denunciar tantas injusticias y crímenes como los que se cometen a diario contra tantos inocentes; contra la naturaleza y contra el gran proyecto de salvación que Dios nos ha revelado en Cristo Nuestro Señor, agrega el P. Carlos Mejía preocupado además por cultivar la santidad porque viviendo este valor, está seguro que vivirá los demás.
"Dios llama a quien quiere y cuando quiere". Hay niños que de pequeños dicen que quieren ser médico o maestro y acaban siéndolo. Lo mismo sucede en la vocación religiosa. De los niños que manifiestan esta vocación unos acaban en el sacerdocio y otros no. Se trata de acompañarlos en el proceso de maduración personal y ayudarlos a discernir la voluntad de Dios, como sucedió con Francisco Verar, Carlos Mejía, Rómulo Aguilar y José Domingo Ulloa, que respondieron a la llamada al sacerdocio y ahora están próximos a cumplir 25 años entregados a Dios y al prójimo, testimonios válidos para los jóvenes con inquietud vocacional.

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