ADULTOS DEBEN ANIMAR
A los niños en el espíritu misionero


 

Los adultos tienen la gran responsabilidad de animar a los niños en el espíritu misionero de la misión ya que es una tarea de todos anunciar a Jesucristo, manifestó el R.P. Cecilio Iturri, Párroco de la Parroquia San José, en el Casco Antiguo de la ciudad, en su homilía del domingo 27 de abril, durante la misa en la que se puso en marcha en la Arquidiócesis de Panamá el “Mes de la Infancia Misionera”, que este año tiene como lema “Niño de infancia Misionera, escucha, aprende y anuncia la buena nueva”.
El Padre Iturri, luego de destacar la importancia que tiene la infancia misionera para la Iglesia, animó a los padres de familia a apoyar a sus hijos que participan de la obra, y sobre todo si manifiesta su vocación hacia la vida sacerdotal o religiosa, destacando que un hijo sacerdote o religioso es una bendición de Dios para la familia.
A los niños y niñas los exhortó a seguir adelante, les dijo que no tengan miedo, deben avanzar con sus buenas obras y ser ejemplo para otros niños y niñas que no conocen de la Santa Infancia.
Como parte de las actividades que se harán simultáneamente en las diversas tareas de misión, durante el mes de mayo, figura la colecta misionera durante los días 17 y 18, por ello se exhorta a la comunidad a colaborar.
La Misión es considerada como un compromiso comunitario y una responsabilidad de la Iglesia que vive en cada pueblo o ciudad, de impulsar la dimensión misionera que brota del encuentro con Jesucristo, para quien somos misioneros todos.
La Infancia Misionera es una obra educativa cristiana fundada en 1843, por Monseñor Forbin Janson, con la finalidad de aprovechar la fuerza misionera de la niñez, logrando que los niños se identifiquen con Jesús, lo amen, lo quieran seguir y lo tengan como modelo en su vida.
Demuestran su amor a Jesús a través de la oración, rezan por los niños que no conocen a Jesús y por los misioneros; ahorran y hacen colectas para poder ayudar en las necesidades de los pobres; participan en misiones en la que enseñan a otros niños lo que ellos ya conocen de Jesús; viven con sencillez y alegría sin estar apegados a los bienes materiales; aprenden a ser menos egoístas y capaces de hacer sacrificio.

Volver