Domingo de Pentecostés
 

Primera lectura: Hechos 2, 1-11
Se llenaron todos del Espíritu Santo.

Salmo 103, 24. 29-31. 34
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Segunda lectura: 1 Corintios 12, 3-7. 12.13
Hemos sido bautizados en un mismo espíritu para formar un sólo cuerpo.

Evangelio: Juan 20, 19-23
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.

AMBIENTACIÓN LITÚRGICA

Fiesta de Pentecostés. El Espíritu Santo invade la comunidad de Jesús. Llenos del Espíritu, los apóstoles proclaman bajo su impulso la salvación que nos ofrece Jesús Pascual. Cincuenta días después de la pascua, los israelitas celebraban la fiesta de la recolección. Los cristianos celebramos en Pentecostés la venida del Espíritu Santo.
Los discípulos son presentados, como la comunidad del nuevo pueblo de Dios. Pentecostés es también la fiesta del nacimiento de la Iglesia.
La liturgia de la Palabra hace referencia en esta eucaristía al acontecimiento de la venida del Espíritu Santo y del comienzo a la andadura universal de la Iglesia. El Espíritu Santo es “el dulce huésped” del cristiano. Su vida es una experiencia permanente de una vida poseída y alimentada por el Espíritu. En la celebración eucarística el celebrante invoca la acción santificadora del Espíritu en la consagración: “Santifica estos dones con la efusión de tu Espíritu”. Es el mismo Espíritu que “dio a todos los pueblos el conocimiento de Dios”, que ahora nos congrega en la unidad a cuantos participamos en la eucaristía.

MENSAJE BÍBLICO

Primera lectura de los Hechos.- “Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar”. El Espíritu Santo estuvo presente en la inauguración de la vida pública de Jesús y estuvo presente también en el inicio de la actividad misionera de la Iglesia.

Segunda lectura de Corintios.- “Hemos sido bautizados en un mismo espíritu para formar un solo cuerpo”. El Espíritu Santo se da a la Iglesia en multiplicidad de dones. El Espíritu Santo contribuye a la unidad de la comunidad cristiana. Sus dones sólo adquieren sentido y valor cuando se dedican al servicio de la comunidad.

Lectura del Evangelio de Juan.- “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. La Iglesia con los dones del Espíritu lucha contra el mal y se convierte en fuerza viva y liberadora.

RESPUESTA A LA PALABRA
Discípulos misioneros
 

En el acontecimiento de Pentecostés los apóstoles viven plenamente su vocación de “Discípulos Misioneros”. El Espíritu Santo entra en los corazones con la fuerza del fuego, renueva y transforma sus vidas, para continuar la misión de Jesús.
El Espíritu Santo es hoy también el protagonista de la misión de la Iglesia. El Magisterio nos recuerda a todos que “evangelizar constituye la vocación propia de la Iglesia. Es su identidad más ‘profunda’. Benedicto XVI nos dice que “el discípulo, fundamentado en la roca de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Noticia de la salvación a sus hermanos.
Discipulado y misión son como las dos caras de la misma medalla. El discípulo, enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo El nos salva”. Sin Jesús no hay luz, ni esperanza, ni amor, ni futuro. La evangelización es tarea que debe estar también en la opción por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana. (DA, 146).

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