A TIRO DE PIEDRA
Roma eterna
Una vez más volví a Roma
para asistir a un seminario sobre la Iglesia y la Cultura de la
Controversia. Mis tres estadías en ella, una de largo tiempo y dos de
unos días, han sido por motivos de estudio y formación, como si ya
estuviera predestinado a visitarla bajo esa condición. Sin embargo,
siento que Roma siempre es Roma, y continúa siendo mi ciudad favorita
del continente europeo.
Sus monumentos y edificios, que nos recuerdan su rica historia, la hacen
ostentar el título de "Ciudad Eterna"; y no porque sus piedras y sus
portentosas edificaciones se lo otorguen, sino por su aporte en
instituciones y pensamiento a la civilización occidental. Roma es,
también, la sede del cristianismo católico, desde hace siglos, y, desde
allí, la contribución del pensamiento cristiano se ha expandido a toda
Europa y al resto del mundo.
Al visitar cada sitio arqueológico e histórico, que involucra a la
antigua Roma y al cristianismo, uno se conmueve. Ver lo que se tiene al
frente, y enterarse de lo que representa o lo que ocurrió en el lugar,
enriquece y permite ver la grandeza y la eternidad de Roma. El imperio
que sentó las bases de la civilización universal y el cristianismo que
llenó e inspiró de humanidad al mundo, se hacen uno a la vista del
visitante.
La Roma actual está más ligada al cristianismo que a su histórico
pasado. Si quitamos lo cristiano a la ciudad, sólo le quedaría lo más
remoto de su historia. ¿Qué sería de ella? Lo más probable es que
aparecería como Atenas o alguna otra ciudad que alberga los restos de lo
que fue la vida comunitaria humana, representado en su patrimonio
arqueológico. La Roma de ahora está tan ligada al cristianismo, que
prescindir de él sería catastrófico para ella, porque dejaría de ser lo
que es en la actualidad.
Roma es la ciudad del Papa, la que acoge a la Santa Sede, a El Vaticano.
Sus miles de visitantes cuentan, entre a ellos, a otros tantos miles de
peregrinos y creyentes que acuden a ver al Santo Padre y los signos y
expresiones del cristianismo. Los símbolos de la ciudad están
estrechamente ligados a lo cristiano. El Coliseo, sitio de martirio de
la cristiandad; la Basílica de San Pedro; las catacumbas y otros. La
Ciudad Eterna lo es por el pensamiento y el modo de vida que ha emanado
de ella y que sus edificaciones y monumentos nos recuerdan. Ave Roma de
la civilización. Salve Roma de los apóstoles. El mundo espera en ti, en
tus mártires y santos.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
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