Ética médica y derecho a la vida


Desde la etapa de la concepción hasta la del parto, el papel que juega el profesional médico es vital, de allí que tenga valores éticos en su práctica.

Sharon Pringle - sharon@panoramacatolico.com

El respeto al derecho a la vida, que es un don maravilloso que Dios nos ha concedido, es cuestión de principios, esto significa que depende de los valores que anidan en cada persona. En ese sentido, los especialistas en la medicina son parte responsable de que ese derecho se respete.
Maimónides, insigne médico, rabino y teólogo judío del siglo XII, en su famosa oración decía: "Que mi espíritu se mantenga claro en el lecho del enfermo, que no se distraiga por cualquier pensamiento extraño, para que tenga presente todo lo que la experiencia y la ciencia le enseñaron; porque grandes y sublimes son los progresos de la ciencia que tienen como finalidad conservar la salud y la vida de todas las criaturas".
El pensamiento anterior resume la esencia de la actividad médica: salvar vidas. En ese sentido, el Padre Marlo Verar, quien dirige la Pastoral de la Salud, asegura que hay médicos que guardan sus principios deontológicos, de estar siempre al servicio de la vida, de la beneficencia, y este fundamento del derecho a la vida reposa en la bioética, que según el doctor Ramón Lucas Lucas (Catholic.net), significa ética de la vida, y la define como la ciencia que regula la conducta humana, en el campo de la vida y la salud, a la luz de valores y principios morales racionales.
Claro que la bioética se tiene que actualizar y revisar. Así lo admite el P. Verar, quien manifiesta que siempre hay nuevas amenazas a la vida, y por eso se aconseja que en los hospitales tengan comités de bioética, ya que con los nuevos descubrimientos que hay, todo lo que sea experimentación, siempre debe estar inspirados en los más grandes principios de esta ciencia que se fundamenta en el principio del derecho a la vida.
No obstante, ese camino se ve truncado en múltiples ocasiones por la práctica del aborto, y tal como lo indican cifras del libro Socio-Cultural and Political Aspects of Abortion from an Anthropological Perspective, de S. Singh y S. K. Henshaw, cada año ocurren en el mundo 50 millones de abortos, de éstos 30 millones son procesos legales y 20 millones ilegales. Se trata de millones de médicos que están faltando a los principios para los cuales fueron formados como profesionales de la salud, que recordamos es: salvar vidas. Entonces estará clara esa misión?
Desafortunadamente, estos principios parecen no tener cabida en la mente de algunos colegas médicos. Así lo asegura el doctor Enrique Rodríguez Álvarez, Presidente de la Fundación Vida y Familia, quien aclara que la práctica del médico está encaminada a la preservación de la vida humana en todo momento.
El galeno manifiesta que el mismo juramento hipocrático reza en uno de sus versículos: "A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puras mi vida y mi arte".
Según Rodríguez Álvarez, el Juramento Hipocrático ha sido actualizado por la declaración de Ginebra de 1948, propuesta por la Asociación Médica Mundial; en uno de sus artículos, la cual insta a: "VELAR con el máximo respeto por la vida humana. NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para contravenir las leyes humanas, incluso bajo amenaza. EL MEDICO DEBE recordar siempre la obligación de respetar la vida humana.".
Haciendo una actualización de los principios médicos aprendidos, el especialista destaca que en tiempos modernos, la medicina se rige por la bioética, que abarca las cuestiones éticas que surgen en las relaciones entre biología, medicina, cibernética, política, derecho, filosofía y teología. Y, detalla que los principios fundamentales de la bioética van desde la comprensión de aspectos tales como que la vida humana es inviolable, tiene un valor sagrado; la ciencia, la técnica y el progreso están al servicio del hombre; no todo lo que es técnicamente posible puede considerarse moralmente admisible, y el fin no justifica los medios.

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