La Bioética y sus desafíos a la Iglesia


 

Diácono Dr. Marco A. Mejía R.

La agradable visita de su Eminencia el Cardenal Alfonso López Trujillo, en su calidad de Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, ha sido de enorme importancia para nuestra Iglesia. En este sentido dicho Dicasterio, al igual que el Dicasterio de la Pastoral de la Salud, han tenido que enfrentar durante las tres últimas décadas los retos que la Bioética ha planteado a la Iglesia en materias relacionadas al matrimonio y la familia, y a los temas relacionados a la sexualidad humana. Estos desafíos históricamente se inician con la promulgación de la Encíclica Humanae Vitae de Pablo VI en la década de los 60, en la cual se plantea la posición de la Iglesia con respecto a la anticoncepción y la paternidad responsable. Son famosos los conceptos relacionados al amor conyugal: totalidad, humanidad, fidelidad y fecundidad (HV, 9).
Desafortunadamente poco a poco fueron surgiendo enormes brechas que han ahondado estas dificultades iniciales entorno a una percepción clara del verdadero sentido del matrimonio y de la familia. Entre estas dificultades podemos mencionar las uniones consensuales, el problema de la Fertilización in Vitro (FIVET), el status del embrión humano, la legalización de las uniones homosexuales, etc. Estas dificultades son las que actualmente se debaten en las legislaciones de muchos países alrededor del mundo, incluyendo Latinoamérica y Panamá.
Uno de los aspectos más interesantes del planteamiento del Cardenal López Trujillo en torno a la Bioética es la formulación de un carácter personalista, es decir centrada en la persona humana. En este sentido se puede afirmar que el hombre es la síntesis del universo (de acuerdo a los planteamientos del Cardenal Jaime Lozano Barragán) y que una bioética fundada en otros parámetros, los cuales no centran a la persona humana en su dignidad y sacralidad, resulta en una bioética deshumanizada. Es notable que temas como el aborto, aunque frecuentemente argumentados en los debates bioéticos, resultan para el Cardenal López Trujillo materia de la moral clásica y no propios del campo bioético.
En este aspecto hay que tener especial cuidado al tratar de aproximarse al quehacer bioético, ya que no todo discurso bioético es en sí mismo garantía de una valoración moral justa. Por ejemplo, existen planteamientos bioéticos centrados en los seres vivos, en los cuales un chimpancé o un delfín tendrían más valor como persona que un feto humano (P. Singer); en otros se centra el valor en el plano ecológico, en donde el ecosistema tendrían un valor preponderante por encima de comunidades humanas (V. Potter); y en otros donde las estadísticas y los datos demográficos juegan un papel prioritario sobre los gobiernos y su planes de población (Ley de Malthus). Estas dificultades las abordó el Papa Juan Pablo II en la encíclica Veritatis Splendor al afirmar que: "ha venido a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana, en la que se difunden muchas dudas y objeciones parciales de orden humano, psicológico, social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre las enseñanzas morales de la Iglesia… en la base se encuentra el influjo, más o menos velado, de corrientes de pensamiento que terminan por erradicar la libertad humana de su relación esencial y constitutiva con la verdad" (VS, 4). Se corre el peligro de planteamientos muchas veces que no son acordes con una antropología fundamentada en la verdad, sino más bien: "los hechos morales, independientemente de su especificidad, son considerados a menudo como si fueran datos estadísticamente constatables… y así algunos estudiosos de ética, que por profesión examinan los hechos y los gestos del hombre, pueden sentir la tentación de valorar su saber, e incluso sus normas de actuación, según un resultado estadístico sobre los comportamientos humanos concretos y las opiniones morales de la mayoría (VS, 46).
Es importante resaltar la creciente preocupación en torno a la Bioética en los diferentes ambientes de profesiones y de la comunidad en general. Se organizan comités de ética que supervisan y revisan el trabajo con respecto a temas biomédicos y biotécnicos que se incrementan cada día. Es conveniente por ende, como afirma el Papa Benedicto XVI que: "tenemos que volver a estudiar la ley natural --quizá hace falta otro nombre, no lo sé--, pero es necesario encontrar el fundamento para individuar responsabilidades comunes entre católicos y laicos…, para fundamentar una acción que no sólo responda a la acción, sino también al deber y a la moral" (14/12/04).
Situar la Bioética dentro de su contexto, no es relegarla a un plano de insignificancia sino situarla como un instrumento al servicio del hombre, y no al contrario; como afirmaron los Presidentes de las Conferencias Episcopales reunidos en Santo Domingo, en octubre de 2002: "En medio del debate científico y moral del momento sobre los complejos problemas de la bioética, entre los que cabe mencionar la ingeniería genética, la clonación, la fecundación asistida y la eutanasia, queremos reafirmar la sacralidad de la persona humana desde la concepción hasta la muerte natural. La ciencia no puede erigirse en exclusivo criterio al margen de los principios éticos, pues comprometería a la persona y a la sociedad".

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