A TIRO DE PIEDRA
En memoria de Epi
A principios de la década pasada conocí a un
sacerdote español llamado Epifanio Hernández, que trabajaba en Costa
Rica en el área de la comunicación social. Bajo de estatura, de
contextura delgada y elocuente hablar, Epi solía ganarse el corazón y la
amistad de quienes le conocían. De aquella semana que coincidimos en
Quito, para analizar la situación de los medios de comunicación social
de la Iglesia Católica Latinoamericana, surgió el trato amistoso que
mantuvimos todos estos años.
Epi falleció el 4 de febrero pasado, según me enteré por la publicación
del Eco Católico de Costa Rica, correspondiente al 25 de febrero de este
año. Al ver su fotografía bajo el titular "Partió incansable
evangelizador", no pude más que elevar una plegaria al cielo, en favor
de Epi y con la certeza de que goza ya de la presencia del Señor.
Durante un viaje a San José, le llamé y me invitó a su parroquia en
Alajuela. Abordé un taxi y le pedí al conductor que me llevara, pero el
buen hombre entendió Cartago, y allá fui a parar. Por supuesto que ni
rastro de Epi por aquellos lares. Marqué su número, rectifiqué el rumbo,
y le encontré en Alajuela. Ese día el almuerzo fue tarde para ambos, por
la demora del equívoco. Al encontrarnos, el abrazo fraternal de siempre,
y la larga conversación después de la comida.
Unos años después de aquella visita, me llama a mi oficina en Panamá. Le
pregunté qué lo traía acá, y me dijo que trabajaría en la Diócesis de
Colón y Kuna Yala. ¡Qué sorpresa! En los años que estuvo en nuestra
tierra, nos encontramos en variadas ocasiones, siempre compartiendo
nuestras ideas y experiencias con la Iglesia y sus medios de
comunicación. Al concluir su misión aquí, nos despedimos y
ocasionalmente nos encontrábamos; por lo general en alguna reunión
relacionada con los medios católicos.
Al momento de su muerte, Epi trabajaba en una casa de retiro para
sacerdotes, en Costa Rica; o al menos eso creo. Hombre amable,
hospitalario, buen amigo, y de alma diáfana y apacible, deja tras de sí
un legado de trabajo afanoso en nuestra Iglesia, y el recuerdo entre sus
amigos y conocidos de cristiano recio y a carta cabal.
Nacido en Avila, Navarravisca, en 1925, dedicó casi toda su vida al
trabajo misionero. Su sonrisa franca y su entusiasmo, con seguridad nos
inspirarán cada vez que le recordemos. Te echaré de menos, Epi.
Luis Alberto Díaz
- lad@panoramacatolico.com
Volver |