Laicos

No hay derecho a hablar mal del otro

Nunca he podido comprender cómo existen personas que con tanta facilidad pueden hablar mal del prójimo. Es un mal hábito que se da entre personas estudiadas o no, ricos o pobres, en fin… Es una triste realidad. Hace unos días el sacerdote dijo durante la Homilía, que nadie tiene derecho de hablar mal de los demás, absolutamente nadie. Y es ese el punto al que quiero referirme en este artículo.
La reputación de una persona es su carta de presentación. El buen nombre es el mejor curriculum que puede tener alguien; siendo así, no nos asiste derecho alguno a inventar falsos y hacer historias de los demás. No hay derecho. Nadie lo tiene. El Papa Francisco se refiere al chismoso de la siguiente manera: “Es como un terrorista, lanza una bomba, destruye y se marcha”. Una expresión algo fuerte pero necesaria, para que aprendamos que no hay derecho de dañar al prójimo; haciéndolo podemos afectar a personas y a familias; y eso no es justo.
Para Dios este tema no pasó desapercibido, de hecho, en la Sagrada Biblia encontramos referencias en ese sentido. Santiago 1-26 dice lo siguiente: “si alguno se cree muy religioso, pero no controla sus palabras, se engaña a sí mismo y su religión no vale”. En los Mandamientos de la Ley de Dios también encontramos uno que hace énfasis en este punto al señalar: “No levantarás falsos testimonios, ni mentiras”. Dios quiso recordarnos esto, porque sabía con cuanta facilidad juzgamos. Jesús lo vivió en carne propia. ¿Cuántas personas dijeron cosas de Él que no eran ciertas, que le hicieron daño y lo llevaron a la Cruz?
No somos perfectos, y a veces cometemos la imprudencia de hablar mal del hermano. Pidámosle a Dios que nos ayude a tener cuidado con lo que sale de nuestra boca, recordemos que mancha al hombre lo que sale de él.

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