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La paz como estilo de vida

Cada día es común ver diversas manifestaciones de violencia, desde las discusiones de los esposos, pasando por el bullying escolar o laboral, hasta los golpes que se dan dos personas en la calle. Muchas de estas acciones son atribuidas al “estrés” y a muchas otras situaciones personales o familiares. Pero, aunque es verdad que son muchos los problemas de la vida, nada puede justificar la violencia.
La violencia no es la solución para arreglar nuestro problemas ni nos hará sentir mejor. Recordemos, que también Jesús vivió en tiempos de violencia. Él enseñó que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano: “Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos” (Mc 7,21). Cuando impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (cf. Jn 8,1-11) y cuando, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (cf. Mt 26,52), Jesús trazó el camino de la no violencia, que siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad (cf. Ef 2,14-16). Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de paz y reconciliación.
Si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres, entonces es fundamental enseñar la no violencia en primer lugar en el seno de la familia y en la escuela. Desde el seno de la familia y desde la escuela aprendemos la cultura de la paz, en la práctica de acciones que van desde una palabra amable, un perdón, una sonrisa, cualquier pequeño gesto de amor que siembre paz y amistad.

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