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La misión de un matrimonio comprometido con la Iglesia

Quienes conocen y viven toda la riqueza del Matrimonio como Sacramento, deben saber que es gracia de Dios, muy valiosa, la que han recibido no por méritos personales sino por regalo de Dios
No pueden permitirse que, por ese regalo divino, ellos tengan tan grande riqueza, y dejen a los demás que no la tengan, siendo tan fácil darla sin que con ello se empobrezcan. Cumplir el “Amaos unos a otros como Yo os he amado”, el mandato de Jesús para ser suyos, es gozar de ese amor como Dios goza en el suyo. Pero es, además, una luz que alumbra a todos los de la casa que viven sumidos en tinieblas
Esa luz, necesaria para saber dónde se encuentran como matrimonio, también es necesaria para ver por dónde caminar felizmente, sin tropiezos ni angustias, y llegar dichosos a la meta de vivir juntos con el amor que se desearon al casarse. Hay muchos matrimonios a los que les falta tener esa luz, y penan en la desorientación previendo el fracaso o pereciendo sin ver salida en el horizonte.
Los matrimonios que viven día a día su Sacramento, testifican a todos que es posible mantenerse juntos con ese gozo; todos quienes los ven, pueden acudir a ellos y preguntarles cómo se vive tan felizmente el estar casados. En un matrimonio donde los padres se aman como los ama Cristo, los hijos serán felices al verlo.
Para mantenerse en este modo de gozar el matrimonio cristiano, no basta con conocerlo en todo su alcance; es necesario alimentarlo cada día con firmeza en el empeño.

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