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La misión de la Iglesia está animada por una espiritualidad de éxodo continuo

“Los cristianos debemos vivir con una actitud de continua peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia”, con estas palabras el Papa Francisco explicaba la propuesta que hace la Iglesia para la Jornada Mundial de las Misiones.

Una vez más, el Santo Padre motivó a los fieles a dejar las comodidades y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

Con el lema “La misión en el corazón de la fe cristiana”, Francisco en su mensaje vuelve a convocarnos en torno a la persona de Jesús, el primero y el más grande evangelizador. 

Hoy, como cada año, todos los fieles del mundo se unen a la celebración del Día del Domund, con espíritu eclesial  hacen un esfuerzo común en una jornada de oración y colecta en favor a las obras de ayuda social que atiende la Iglesia Universal. Con el aporte de todos se ayudan inclusive a los territorios de misión de nuestro país.

Gracias a esta colecta mundial se atienden hospitales, hogares de ancianos y personas con discapacidad, escuelas, centros de catequesis  y demás obras que se hayan presentado por medio de proyectos al Consejo Superior de Obras Misionales Pontificias en la Curia Romana.

Así lo informó el sacerdote Samuel Álvarez, Director Nacional de las Obras Misionales Pontificia. Afirma que programas desarrollados en el Vicariato Apostólico del Darién  y en la diócesis de Colón Kuna Yala también se verán beneficiados con estos aportes. 

Explicó que actualmente están trabajando con los directores de misiones de cada diócesis para conformar la Comisión Nacional de Animación Misionera (CONAMI), deben unificarse para seguir trabajando bajo los mismos lineamientos.

“La Iglesia es misionera y por el hecho de que vivan en ciudades no dejan de ser misioneros, somos una Iglesia en salida, trabajamos en la búsqueda de esos hermanos que están alejados”, dijo.

Álvarez hace un llamado a los párrocos que este día se eviten hacer segundas colectas e invita a apostar al corazón generoso de los fieles. La meta establecida para este año es 50 mil dólares. Advierte que es necesario que envíen a las oficinas de Obras Misionales Pontificias, la colecta integra del día, tal como lo ha decretado la Conferencia Episcopal Panameña y lo establece la Santa Sede.

Se atrevieron y sus vidas

cambiaron para siempre

Muchos hombres y mujeres de toda edad y condición son testigos de este tipo de experiencias que marcan la vida. Se han                atrevido a salir, a dejar comodidades, ofrecen cada uno sus propios talentos, su creatividad, su sabiduría para llevar el mensaje de salvación a todas partes. 

Cuando alguien vive la experiencia de ser misionero, difícilmente su vida continúe igual, siempre surge un cambio, una nueva manera de vivir la vida.

Eva Chacón asegura que su primera misión marcó su vida para siempre. “Nos fuimos a evangelizar a Chiriquí, en San Mateo, ese servicio me  enseñó a ver en el prójimo el rostro del Cristo sufriente, el Cristo olvidado, el Cristo enfermo, el Cristo que necesita palabras de aliento para seguir”, comentó. Dice, confiado, que cambió su forma de manejarse económica, social y espiritualmente.

“Antes de irme  a misionar tenía una posición económica estable,  producto de mi trabajo y si algo estaba rasgado o me cansaba de usarlo simplemente iba y compraba otro. Estando en misión me tocó aprender a remendar, a usar los zapatos hasta que se desgastaran, a comer lo que no me gustaba;  llegué a comer chow mein con cabeza de pollo”. Para ella, Dios se manifestaba en cada detalle y la enseñó a darse cuenta cuando algo realmente le era útil y necesario.

Misión ad gentes

Después de años de preparación esta panameña tuvo la oportunidad de ser una misionera Ad Gentes, eligió esta vocación como laica y se consagró para este de misiones donde van por el mundo a predicar el evangelio y de implementar la Iglesia entre los pueblos que aún no conocen a Cristo.

En sus planes estaba durar solo dos años en Guatemala, pero Dios dispuso que ella estuviera en ese país por ocho años. Allí presenció una de las peores catástrofes naturales, el paso del huracán Mitch. “Ver hectáreas de terreno sumergidas en el agua, ver a personas desesperadas por sacar a sus seres queridos entre el lodo, fue impresionante, el valor de la vida, la solidaridad y toda la acción de la Iglesia en su atención social”, recuerda.

Como muchos guatemaltecos, Eva también vivió en 1998 el dolor causado por el asesinato del obispo católico y defensor de los derechos humanos, Juan Gerardi. “Nos dejó una herencia de alzar nuestra voz ante la injusticia social”, dijo.

Por su parte, el joven Fernando Matos fue a la Aldea Arenales en Trojes, Honduras en una misión realizada por los Misioneros Redentoristas. “Fuimos a ayudar al padre Dimas Arce en la evangelización de los niños y jóvenes, un lugar con una situación socioeconómica muy difícil”. Matos tenía la idea de que iba a enseñar y compartir sus experiencias, pero Dios le dio mucho más, y fue él quien aprendió, muchas lecciones de la gente.

Este laico comprometido podría hablar por horas de los sacrificios que conlleva ser misionero. Jamás olvidará que saliendo de la aldea tuvo que recorrer montañas y caminos de tierra, y la camioneta en la que iba tuvo problemas con los frenos y se dirigían hacia un barranco. Les salvó un camión que venía en dirección contraria, chocaron pero vieron la presencia de Dios al solo sufrir lesiones menores.

Ambos misioneros coinciden en que todo bautizado está llamado a evangelizar, para ello deben alimentarse a diario de la Palabra de Dios, mantenerse permanentemente en los sacramentos y en la oración. Dejarse troquelar por Cristo para vivir como un verdadero cristiano; ver como Cristo, hablar como Cristo, escuchar a los otros como Cristo, perdonar y amar como Cristo.

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