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La labor abnegada de los abuelos

¿Quién no ha disfrutado de una buena plática con sus abuelos? Esas historias en las que nos narran su pasado, su estilo de vida hace muchos años, el nacimiento de sus hijos, nuestros padres… esas experiencias que valen oro. Qué sería de nuestras vidas si no conociéramos nuestro pasado a través de nuestros abuelos… hoy dedicamos un espacio para celebrarles en su día.
Este miércoles 26 de julio se celebra en Panamá el día de los abuelos, en conmemoración de la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, y es una bonita oportunidad para resaltar el papel fundamental que tienen los abuelos en la actualidad dentro de la familia.
Un papel especial del cual no podemos abusar. Nadie duda de la importancia que tienen los abuelos para las actuales generaciones, sobre todo por el gran aporte de vivencias y recuerdos que ayudan a la creación de una identidad en los miembros de una familia.
Además es invaluable el ejemplo de virtudes y valores que ofrecen a los suyos como referencia espiritual y moral, imprescindibles hoy para la unidad y la continuidad de las familias.
Pero su gran entrega, no da derecho a que los hijos nos aprovechemos para evadir nuestras responsabilidades. Esto lo decimos porque los abuelos de ahora ya no son los de antes, pues tienen su propia vida, más dinámica, son independientes económicamente, y la mayoría de las veces no viven con muchas preocupaciones, solo cuidando su salud y bienestar.
De eso, muchas parejas jóvenes se han aprovechado, y es allí en donde se tergiversa el rol del abuelo. Puede ser que por necesidad, otras por mala costumbre, y otras por comodidad, la pareja joven cree o pretende que los abuelos deben tomar el rol de padres de sus nietos, o ser sus compañeros de juegos obligatorios.
Y sí, puede que los abuelos no le vean nada malo, o estén siempre dispuestos a prestar su ayuda, más no es lo correcto. Así lo asegura Esther Martínez, Licenciada en Psicología, quien además agrega que definir bien los roles evitará quejas y confusión en cuanto a la educación de los nietos.
Por otro lado, Daysi de Guevara de la Pastoral Familiar Arquidiocesana señala que el papel de los abuelos es el de ver la historia familiar continuada del hijo de sus hijos, una historia de amor, de buena educación, el abuelo complaciente, cariñoso, que corrige, pero que no deja de ser abuelo para ser papá de los nietos.
“Hay que tener límites, no trazar planes a futuro con los nietos, porque eso corresponde a sus padres, el compartir con los abuelos se debe dar, pero sin crear dependencia o apego, sino a ratos”, destacó.
Agregó además que en un mundo como el actual es difícil que los abuelos puedan criar nietos correctamente, porque físicamente están desgastados, y la paciencia no es la misma. “No se puede arrastrar a los nietos y esos son temas que deben mirarse dentro del entorno de la familia”, puntualizó.

Cuál es el verdadero rol?
– Deben ser ejemplos y transmisores de valores.
– Deben mantener el vínculo entre las generaciones haciendo de historiador de anécdotas familiares.
– Es lazo de unión, estabilidad y protección.
– Es modelo de serenidad ante el envejecimiento.
– Es paño de lágrimas cuando niños o padres estén tristes.
– El jugar con sus nietos desarrolla en los nietos su imaginación, el sentido común del buen hacer y del buen ser en la vida.
– Y es la persona perfecta para ejercer como negociador entre padres y nietos, en la niñez y por qué no, en la adolescencia.
Hay que recordar que los padres son los modelos de referencia en la educación de los hijos, y no deben cargar ese peso a los abuelos, pues ellos están en la etapa en que quieren tener paz, vivir su vida, y descansar.

Duele cuando ya no están
Los abuelos no son eternos y algún día deben partir dejando un vacío inmenso y muy difícil de llenar.
Por eso no desaprovechemos la oportunidad de disfrutarlos, no solo hoy, sino siempre. Una visita, una llamada, una comida, una sonrisa, eso es lo que debemos regalar a nuestros padres y abuelos, pues son dueños y ejemplo de una parte de nuestra vida, de nuestra niñez y de la de nuestros hijos, un tiempo que no podremos recuperar y que extrañaremos cuando no estén con nosotros.

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