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La ira es una parte inevitable de cualquier matrimonio

Es casi imposible en los matrimonios vivir tan íntimamente  sin herirse uno al otro, al menos ocasionalmente. A veces, las heridas son pequeñas, tales como olvidar un cumpleaños, un aniversario, llegar tarde a cenar a la casa, olvidar registrar un cheque en el talón de cheques. En estos casos la ira pudiera llamarse “irritación”.

Otras veces las injurias pueden ser más grandes, si humillas a tu conyugue delante de sus padres, si haces una inversión financiera que resulta un fracaso, o tienes un doloroso caso de infidelidad.

Lo que sea que cause la ira en tu matrimonio, uno de los pasos más importantes en el fortalecimiento de la unión es desarrollar habilidades para aceptar las heridas y reacciones de uno mismo, sin ponerse a la defensiva.

La ira es una emoción difícil, ya sea que eres el que esté lanzando su frustración o quien está escuchando, de cualquier modo la intensidad emocional con frecuencia nubla una comunicación clara y efectiva.

Algunas parejas intentan enfrentar la ira suprimiéndola, para sólo encontrar que sus matrimonios se vayan llenando de fríos resentimientos a medida que las heridas emocionales no resueltas se acumulan. La mejor alternativa es aprender como expresarse de manera que aplaque la emoción y comunicar abiertamente un deseo para evitar una repetición de la herida en un futuro.

La técnica del diálogo permite a la pareja escucharse uno al otro, las heridas y la ira sin ponerse a la defensiva, el procedimiento exige que cada cónyugue ponga el bienestar del otro en primer lugar.

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