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La alegría de dejarse cautivar por Cristo: objetivo de la catequesis

Los discípulos no cabían en sí de alegría por la resurrección de Jesucristo. Los discípulos de Emaús cuentan cómo lo reconocieron al partir el pan. Pedro también cuenta que lo vio. Luego el mismo Señor se les aparece y les dice: “La paz esté con ustedes”. Claro, al principio hubo miedo, sorpresa, duda; pero, al final, alegría. Una alegría tan grande que los hacía sentir maravillados, fascinados, y Jesús, esbozando una sonrisa, les pide algo de comer y comparte con ellos.

El encuentro con Jesucristo causa una alegría contagiosa que lleva a querer anunciar la buena noticia a otros y así va creciendo la Iglesia, pues “la Iglesia no crece por proselitismo, crece por  atracción”. Este es el objetivo de la catequesis: llevar a las personas al encuentro con Cristo, a sentir esa alegría que impulsa a ir junto al hermano y contagiarles la alegría. Si el Catequista no siente el deseo intenso de comunicar el amor y la alegría del encuentro con Cristo a otros, necesita detenerse en oración y, de rodillas, pedirle a Él que lo vuelva a cautivar.

Cada vez que volvemos a descubrir la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, que el Evangelio responde a las necesidades más profundas de las personas. Cuando la Catequesis logra expresarse adecuadamente el mensaje responderá a la búsqueda más honda del corazón de las personas, que es el deseo de conocer la verdad sobre Dios, de vivir en amistad con Jesús y con los hermanos.

En otras palabras, de vivir el Reino de Dios. El Reino de Dios que anuncia Jesús es buena noticia, es alegría, pero también es exigencia: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Jesús exige la práctica del amor: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. La catequesis lleva al encuentro con Cristo y es Él quien lleva a la vivencia del mandamiento nuevo del amor.

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