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Porque Jesús ha resucitado, somos un pueblo que mira la vida con optimismo y esperanza

Durante estos días hemos celebrado los últimos momentos de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. La muerte del Señor en la Cruz, nos demuestra el gran amor con el que nos ha amado el Padre, al darnos a su propio Hijo por nuestra salvación y por eso, con el Apóstol profesamos nuestra fe y alegría diciendo “la muerte ha sido vencida. Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor. 15, 55-57)”.
Por la resurrección de Cristo, nosotros que somos cristianos, miramos con optimismo y esperanza la vida, porque Cristo ha Resucitado y con su resurrección ha vencido la muerte y aunque muchas veces parece que Dios no existiera, ya que vemos injusticias, maldades, corrupción, guerras, indiferencias y crueldades que no ceden, tenemos la certeza que en medio de la oscuridad del mal siempre Cristo vence las tinieblas con la luz victoriosa de su Resurrección (cf. EG, 276).
Cada domingo, en el Credo, renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, acontecimiento sorprendente que constituye el motivo de nuestra fe. En la Iglesia todo se comprende a partir de este gran misterio, que ha cambiado el curso de la historia y se hace actual en cada celebración eucarística que participamos. A la luz de la Resurrección, el plan de pastoral nos invita a vivir como el mismo Jesús, que no vino a ser servido, sino servir, y a pasar nuestra vida haciendo el bien a los demás, de manera especial a los más necesitados.

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