CatequesisEspiritualidad

Jesucristo es el centro de la Catequesis

Es fácil caer en la tentación de querer mantener a los catequizandos entretenidos con algún tema de interés y no pasar a lo esencial de la catequesis que es el mensaje: Jesucristo. Se toma un largo periodo de tiempo en algún tema y se deja para los minutos finales la reflexión de la Palabra de Dios, y cómo esa Palabra ilumina la realidad de las personas. Nos hace falta creer que esa Palabra de Dios “es viva y eficaz”, que es capaz de realizar su obra de salvación.
Debe haber complementariedad en todo. Es importante la doctrina, es importante la realidad de la persona, es importante la Palabra de Dios. El desafío es cómo integrar esto armoniosamente. “Lo importante no es que se aprendan unos programas sino que se sea fiel a una persona, a Jesucristo”. El adoctrinamiento solo no va lograr esto. Solo viviendo una experiencia con el resucitado se puede lograr este objetivo y tenemos que propiciarla nosotros, como catequistas, con nuestro testimonio, en primer lugar, y luego, iluminando la realidad que está viviendo cada persona para que se dé cuenta que hay alguien que le puede dar sentido a su vida, y así anhele conocer a Jesucristo.
La práctica de la “lectio divina” es fundamental si estamos hablando de que la persona de Jesucristo debe permear toda la catequesis. En el proceso catequético, cada persona, debería tener un “momento oportuno de gracia” en el que Jesucristo se manifieste de manera especial en su vida, así como lo tuvieron muchos personajes de los evangelios. Persona que se encontraba con Jesucristo, persona que cambiaba su vida. Tenemos que crear las condiciones para que esa gracia salvadora se haga presente, en la catequesis con nuestro esfuerzo, entusiasmo, dedicación y oración.
“La catequesis se configura como ayuda a la vida… oferta de felicidad. Cuando no lo hace es que falla algo”. ¿Qué está fallando en las catequesis? ¿Falta de preparación de los catequistas? ¿Falta de entusiasmo y apoyo de los sacerdotes? ¿Programas mal diseñados? De todo se pudiera decir. Se puede tener a los catequistas mejor preparados del mundo, la mejor guía de catequesis, pero aun así, ¿por qué no estamos “creando” discípulos para el Señor? Este es el gran desafío.

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