La voz del pastor

Importancia de la comunicación católica en la sociedad

“Jesús estaba expulsando el demonio de un hombre que había quedado mudo. En cuanto el demonio salió, el mudo comenzó a hablar y la gente quedó admirada”. (Lucas 11,14)
El Dios que nos revela Jesús es un Dios que se comunica, que se interesa por nosotros, que nos da seguimiento; que nos da al mismo Jesús, su Palabra, Camino, Verdad y Vida, “muchas veces y de muchas maneras habló Dios…” (Hebreos 1, 1-3). Incluso la mudez puede deberse a los hacedores de mal, al Maligno. La presencia del Señor hace comunicación.
Jesús nos dijo que hiciéramos lo que El hace (cf. Juan 14,12). Desde el primer momento de su historia a la Iglesia le ha importado practicar la comunicación; es inherente al mandato misionero con la fuerza del Espíritu Santo (cf. Hechos 1,8). Iglesia en Comunión (cf. 1 Juan 1,3)
Comunicar es también cultura y vive los cambios y la diversidad cultural. Se dice que estamos en una sociedad de la información o del acceso a la información, en una sociedad del conocimiento, en una sociedad del aprendizaje; maneras de representar a la sociedad y que apuntan a transformaciones dadas y que seguirán ocurriendo. Es más, se apunta que la revolución de la información no sólo cambia nuestras maneras de comunicar, sino que también nuestros modos de vida, de trabajo, de conocimientos, de gestión de la sociedad; nuestras relaciones sociales, humanas, culturales.
No hay comunicación neutra, noticia neutra, y puede darse un abismo entre lo que los hechos nos hacen pensar y lo que les hacemos decir. La interpretación es muy relevante; pruebas tenemos en nuestro pasado la diferencia entre cómo la Escuela de Salamanca dictaminó sobre la condición humana de los pueblos originarios en lo que vino en llamarse América y la acción opuesta de Ginés de Sepúlveda. ¡Y qué decir de las interpretaciones justificando la esclavitud! ¿No nos hemos sentido heridos los panameños de cómo otros interpretan nuestro país y a nosotros en tiempos recientes? En ocasiones pareciera que el poder de las ideas no está en la verdad sino en quiénes las apadrinan
Los medios de comunicación cumplen una función esencial e insustituible en la democracia, pero hay lógicas interrogantes como las que se plantean sobre la propiedad de esos medios, muy incisivas hace algo más de cien años, y que siguen teniendo vigencia.
Se apunta que hay una progresiva concentración de los medios de comunicación en menos manos, lo que puede suponer la muerte del pensamiento libre e independiente y la oficialización de un pensamiento estandarizado, a nivel mundial. Se apunta que a nivel global ya lo importante no es cuánto armamento se tiene y de qué características, sino poseer el dominio de la comunicación sin más.
Por otra parte, la realidad tampoco es sencilla. ¿Hasta qué punto los que se les vino en llamar dueños, lo son actualmente? Los medios han entrado, también ellos, en la sociedad de consumo. Es decir un mercado de circulación rápida entre el usar y el tirar, de la rentabilidad inmediata. ¿Qué noticias venden, qué articulistas son leídos, qué programas se ven y captan anunciantes? Y los cambios tecnológicos golpean: un anuncio en un periódico impreso tiene un costo mayor que el anuncio en la web del periódico. ¿Reducción de personal? ¿Y quiénes se adueñan de las redes sociales?
Inmersa en este mundo en el que el ser humano se enfrenta a desafíos como nunca, y todavía más difíciles por la velocidad en la que todo cambia, la Iglesia, es decir todo el Pueblo de Dios, tiene su misión de amor salvador. Llamados a entenderse con los medios de comunicación social y a reducir sus diferencias en beneficio de valores a los que ambos, desde ópticas e inspiraciones distintas, quieren servir. También, sin olvidar que muchos de los que laboran en los medios son miembros de este Pueblo y portadores de su semilla, su luz, su sal.
En sociedad de mercado de consumo posiblemente se considera que lo religioso “no vende” y por tanto los medios de comunicación social no lo visibilizan sino es en ciertas épocas como en Semana Santa, o un particular acontecimiento que llame grandemente la atención (el papa Francisco ha dado mucho de qué “hacer noticia”). Dependerá de los “consumidores” de los medios la mayor o menor presencia.
También la Iglesia y sus instituciones tienen el derecho de poseer sus propios medios. Muy probablemente tendrán baja visibilidad y menor influencia en el panorama general de las comunicaciones mediáticas, pero es una necesidad a lo interno de la vida, de la Iglesia y del fortalecimiento para su proyección al mundo como servidora. Las dictaduras (la de partidos o de militares y otras) se oponen, pero la libertad religiosa y la libertad de conciencia son derechos humanos a defender en acto.

Mons. Pablo Varela Server / Obispo auxiliar

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