EspiritualidadPlan Pastoral

Mi familia es un regalo de Dios

La familia es imagen de Dios, que es comunión de personas. “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn. 1, 26). Antes de crear al hombre, parece como si el Creador entrara dentro de sí mismo para buscar el modelo y la inspiración en el misterio de su Ser, que se manifiesta en las palabras del Génesis: “creó Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó; varón y mujer los creó” (1, 27).
Ninguno de los seres vivientes, excepto el hombre, ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios”. La paternidad y maternidad humanas, aun siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una “semejanza con Dios”, sobre la que se funda la familia, entendida “como comunidad de personas unidas en el amor”.
“Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne” (Gn. 2, 24) y en el Evangelio, Cristo añade: “de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). La familia, comunidad de personas, es, por consiguiente, la primera “sociedad humana”. Surge cuando se realiza la alianza del matrimonio, que abre a los esposos a una perenne comunión de amor y de vida, y se completa plenamente y de manera específica con los hijos.
Que hermoso es tener una familia unida, donde descubramos al otro como un regalo de Dios, ya que la familia es el ámbito no sólo de la generación de la prole, sino que es lugar de la acogida de la vida que llega como regalo de Dios, pero también es una comunidad de relaciones interpersonales particularmente intensas: entre esposos, entre padres e hijos, entre generaciones. Amemos y cuidemos nuestra familia, que es un bello regalo de Dios.

Artículo anterior

Espiritualidad para animadores de la JMJ

Siguiente artículo

Biblia y catequesis: importancia de los géneros literarios