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MENSAJE
DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL PANAMEÑA
En
relación con el Proyecto de Ley Nº 442
sobre salud sexual y reproductiva
A TODOS LOS
FIELES CATÓLICOS Y A TODOS LOS HOMBRES Y MUJERES DE BUENA VOLUNTAD
Hemos recibido en la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) el Proyecto de
Ley N° 442, por el que se adoptan «medidas para establecer y proteger
los derechos humanos en materia de sexualidad y salud reproductiva y
promover la educación, información y atención de la salud sexual y
reproductiva», que el Consejo de Gabinete aprobó el viernes 19 de
septiembre de 2008 y lo remitió el 22 de septiembre a la Asamblea
Nacional para su debate y aprobación.
Cumpliendo con nuestro deber de formar y orientar la conciencia de
nuestros fieles, y de contribuir al bien común, ofrecemos los siguientes
comentarios y precisiones:
1.- Unos días después de la presentación del Proyecto a la
Asamblea Nacional, hecho que coincidió con nuestra ausencia del País, en
cumplimiento de la Visita Ad Limina Apostolorum, y mientras circulaban
falsas informaciones sobre una presunta indiferencia o un silencioso
apoyo de la Iglesia Católica a dicho Proyecto de Ley, Mons. José Dimas
Cedeño Delgado, Arzobispo de Panamá y Vicepresidente de la Conferencia
Episcopal, mediante una Carta al Honorable Raúl Rodríguez, Presidente de
la Asamblea Nacional, explicó de forma clara cuál ha sido y es la
posición de la Iglesia al respecto, tal como había quedado manifestado
en las distintas instancias del proceso de elaboración del citado
Proyecto.
2.- El Señor Arzobispo señala cómo muchos de los aportes de la
Iglesia no fueron incluidos en el Proyecto y otros, aunque incluidos,
quedaron desdibujados; por lo cual el mencionado Proyecto de Ley
contiene aspectos gravemente dañinos para el bien de la persona y de la
sociedad. En consecuencia, el Proyecto no sólo traiciona el intento de
contribuir a consolidar la formación armónica y equilibrada de la
persona sino que, además, se destruyen aspectos positivos y
fundamentales de nuestro sistema civil, social y espiritual.
3.- Próximamente se dará inicio a las audiencias públicas
relativas al Proyecto y, como Conferencia en pleno, además de reafirmar
lo dicho por el Señor Arzobispo y recomendar su lectura, queremos
ofrecer otros elementos de evaluación que arrojen más luces a la
ciudadanía en general y a los fieles en particular:
3.1 En primer lugar, debe quedar claro que la sexualidad es una
dimensión constitutiva de toda persona humana, que afecta no sólo a su
aspecto físico sino también al sicológico y al social y, por lo tanto,
debe ser objeto de atención, cuidado y formación, especialmente en las
etapas iniciales del desarrollo humano.
3.2 En segundo lugar, reconocemos el derecho y el deber del
Estado de velar por el bienestar integral de la población, sin olvidar
que, en el caso de los menores de edad, es una función subsidiaria con
el derecho y deber primario e insustituible de los padres de familia y,
siempre, respetando la conciencia de los ciudadanos.
Dicho lo anterior, veamos algunos aspectos negativos del Proyecto:
3.3 El Proyecto omite el ordenamiento de la sexualidad humana al
amor, oscureciendo el sentido de la complementariedad física, espiritual
y moral del hombre y de la mujer, y soslayando la concepción del
matrimonio como una opción fundamental de vida.
3.4 También, aunque admite la participación de la familia, omite
su papel como agente central, primario y natural de la educación de los
hijos, con sus consecuentes derechos, tal como están tutelados en
nuestra Constitución. Además, dado el carácter de obligatoriedad que se
establece, no queda margen para objetar los contenidos que pudieran
atentar contra las convicciones religiosas y morales.
3.5 El Proyecto, al proponer la promoción de la salud
reproductiva como eje prioritario, sobredimensiona el modelo
biológico-higienista de la sexualidad, minimizando la dimensión ética de
la sexualidad. Por otro lado, concibe la identidad sexual como una
construcción socio-histórica-cultural, desconociendo que la persona
humana, desde su concepción biológica, es sexuada, varón o mujer.
3.6 Presenta, como derecho de los niños, niñas y adolescentes, el
acceso a los métodos anticonceptivos y prevé aprendizajes para que los
menores hagan exigible tal derecho, sin mencionar ni respetar que tal
derecho se inscribe en el marco de los derechos y obligaciones
inherentes a la patria potestad.
3.7 Enfatiza el uso de elementos de prevención para evitar
embarazos precoces y no deseados y el contagio del VIH-SIDA que, además
de ser moralmente objetables, han producido resultados negativos e
insuficientes en todo el mundo. Al mismo tiempo, se omite por completo
la educación en la castidad, en la fidelidad, y en otras conductas
positivas y verdaderamente responsables.
3.8 La obligatoriedad de aplicación de la ley en todos los
establecimientos e instituciones educativos y sanitarios socava los
ámbitos propios de decisión tanto de la conciencia personal, como de las
convicciones religiosas, como de los idearios propios y legalmente
reconocidos.
Como Obispos, renovamos nuestro compromiso con la persona humana y sus
auténticos derechos como punto central del bien común de Panamá. El
viernes 19 de septiembre, cuando el Santo Padre Benedicto XVI nos
recibía en Audiencia a los Obispos de Panamá, nos dirigía estás
palabras: «En Panamá se están viviendo momentos arduos, que generan
desazón, y también situaciones que despiertan gran esperanza. En el
actual contexto, reviste particular urgencia que la Iglesia en Panamá no
deje de ofrecer luces que contribuyan a la solución de los acuciantes
problemas humanos existentes, promoviendo un consenso moral de la
sociedad sobre los valores fundamentales. Por eso, es primordial
divulgar el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que facilita
un conocimiento más profundo y sistemático de las orientaciones
eclesiales que particularmente los laicos han de asumir en el campo
político, social y económico, favoreciendo igualmente su correcta
aplicación en las circunstancias concretas. Así, la esperanza cristiana
podrá iluminar al pueblo de Panamá, sediento de conocer la verdad sobre
Dios y sobre el hombre en medio de fenómenos que en diversa medida
turban su vida e impiden su desarrollo integral».
Al expresar nuestras creencias y nuestros principios que, por otro lado,
son los principios de la ley natural inscrita en el corazón de toda
persona humana, exhortamos a todos, autoridades, gremios, sociedad
civil, grupos organizados, a que en el debate no prevalezcan los
intereses egoístas de personas o grupos, mucho menos de entidades
foráneas, por encima del bien precioso de la persona y de la familia y
del respeto a los valores fundamentales espirituales y culturales de
nuestro pueblo cristiano.
Pedimos encarecidamente a los sacerdotes, confesores, religiosos,
religiosas y educadores, que se atengan a la doctrina de la Iglesia en
materia tan sensible y delicada, y la divulguen oportunamente a los
fieles, ayudándoles, con caridad pastoral, a llevarla a la práctica.
Panamá, 23 de octubre del 2008
El comunicado lleva la firma de los obispos de la CEP
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