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Dios presente en nuestro sacramento matrimonial

Como esposos estamos llamados a vivir una relación de amor que fortalecemos a través de una buena comunicación. Dios se hace presente en nuestro sacramento y nos invita a ser luz para otros matrimonios.
Esto lo logramos irradiando un amor puro, sencillo, noble, un amor dador de vida donde, en ocasiones, hay que tomar la decisión de morir a nuestros propios intereses para darle vida a nuestro cónyuge.
Es así como podemos comparar el camino de Jesús a la Cruz con nuestras vidas.
Es esta época de Cuaresma debemos hacer un alto para mirar la Cruz y descubrir lo que Jesús dejó allí, por amor a nosotros, preguntarnos “¿qué voy a dejar yo en la Cruz por amor a mi cónyuge, por amor al prójimo?”
Definitivamente es un reto que sólo alcanzaremos apoyados uno en el otro, teniendo presente que Dios nos ha llamado a ser responsables hasta morir.  Y, sin duda, pasando por el sufrimiento se logra comprender, y ayudar, a los que sufren.
Cuando únicamente vemos los defectos o errores de los demás, tenemos que volver nuestra mirada a lo que nos enamoró en nuestro sacramento, en el servicio al prójimo; enfocarnos en los regalos que Dios nos da cada día, y en el más grande obsequio que Jesús nos dejó en la Cruz para que podamos ser salvos: “su vida”. El regalo de la salvación que es gratis para todos.
Cargar con nuestra cruz diariamente significa aceptar que el regalo que Dios nos hace es con frecuencia algo que no esperamos. Dios siempre responde a nuestras oraciones, pero frecuentemente dándonos lo que de verdad necesitamos más que lo que creemos que necesitamos.

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