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“Di el salto de fe”

Cada vez falta menos para recibir a miles de jóvenes peregrinos de todo el mundo en Panamá para participar de la Jornada Mundial de la Juventud. El trabajo desde el Comité Organizador Local es constante y necesita de mucho apoyo. En este sentido, cuentan ya con varios voluntarios que realizan trabajos especiales en cuanto a alojamiento, logística y más.

Uno de ellos es Paula Andrea Mora, quien recientemente llegó a nuestro país para brindar su servicio voluntario como Coordinadora de Traducciones. La joven colombiana es Licenciada en Idiomas, por lo que domina el inglés, italiano, francés y su español nativo.

Su trabajo desde Panamá, es revisar el contenido que está en la página web de la JMJ,  las noticias que están y las que vendrán, así como el desarrollo de la preparación de la jornada y la traducción a los idiomas oficiales, con la finalidad de que los jóvenes tengan a mano la mayor cantidad de información en su lengua natal, o que por lo menos cuenten con  una variedad de idiomas a los que puedan apegarse, y de esta forma motivarse para venir a Panamá.

“En estos momentos me encuentro en trabajo de revisión de los diferentes artículos y contenidos en páginas web, así como los videos y los subtítulos que se colocan en los mismos; todo esto con ayuda de voluntarios online alrededor del mundo que también nos colaboran”, señala.

Agrega que luego vendrán otras etapas, como la elaboración de los textos que van a ser parte del kit del peregrino en los diferentes idiomas oficiales, y luego para momentos puntuales como conferencias de Prensa y eventos, desde la dirección de traducciones y de interpretaciones.

Servicio y entrega total

La finalidad de su trabajo es lograr poder llegar a todos los jóvenes del mundo, que puedan sentir la experiencia de lo que se está preparando y cómo se está viviendo ya la jornada en Panamá, es decir, que la sientan suya.

Por eso realiza este trabajo de misión, en el que no recibe un salario como tal, sino la satisfacción de entregarse, ayudar y servir al Señor desde sus capacidades.

“Este es un trabajo de misión,  es dar una respuesta al Señor, pues luego de tantas experiencias vividas, siento que estoy en deuda con él”, destaca.

Agrega que cuando uno le dice Sí a Dios debe ser  para todo, no para el momento,  o para ciertas cosas. Implica salir de la zona de confort, significa dejar familia,  trabajo, dejar lo que el mundo normalmente nos pinta como lo que tendríamos que estar haciendo.

Luego de un tiempo de discernimiento, tomó la decisión de venir a Panamá, y comprendió que es aquí en donde el Señor la necesita, ayudando en la preparación de la JMJ. “Siento mucha paz y tranquilidad porque sé que es voluntad del Señor que yo esté aquí, y cuando llegan las dudas, él siempre me da las respuestas que necesito”.

¿Cómo llega a ser voluntaria?

Paula trabajó por muchos años en la Pastoral Juvenil de su diócesis en Colombia. Siendo joven fue misionera y se enamoró de la Iglesia. Luego conoció más sobre las Jornadas Mundiales, pero lo veía como un sueño muy lejano.

Hizo experiencia vocacional en una comunidad religiosa en donde conoció a Hermanas Misioneras de diferentes países, y la comunión entre ellas le marcó y le animó a estudiar idiomas, para salir a misionar. Ejerció su profesión como docente, pero la inquietud por las jornadas, siempre estuvo ahí.

Aplicó  para voluntariado en Madrid, pero no pudo asistir. Después la jornada pasó a Río,  para la cual también aplicó y salió escogida entre los voluntarios, pero cuando llegó al aeropuerto, los boletos que había comprado eran falsos y no pudo viajar. “Fue un momento duro, de choque con Dios, un momento muy difícil para mí y para mi fe”, relata.

Entre lágrimas le tocó regresar a su ciudad, aunque nunca se separó de Dios y siguió su apostolado en su parroquia. Cuando anuncian la JMJ Polonia, vio su sueño aún más lejos, pero se contactó con uno de los responsables de voluntariado de Rio que la animó a aplicar. Salió escogida como voluntaria, y a pesar de que tuvo que pasar por algunas situaciones, como que no le permitieran viajar con su maleta hasta Polonia, señala que la experiencia ha sido la más hermosa de su vida. En esta ocasión, hubo una confusión con su Visa, y no pudo llevar su equipaje, solo viajó con la ropa que tenía puesta y su computador, pero relata que nunca le faltó nada.

Allá sirvió en el  Departamento de Relaciones Internacionales, fue la primera hispanohablante activa que llegó a Cracovia, así que trabajó en diferentes proyectos, traducciones, revisión de textos y demás.

Hoy Paula cuenta estas anécdotas entre risas, sin olvidar que lloró y oró mucho para poder estar aquí, pues ahora comprende que Dios siempre tiene preparadas grandes y mejores cosas para el que decide seguirle. Está feliz de poder trabajar para la jornada en Panamá, país que ya siente como su casa… No lo dudes…únete al voluntariado para la JMJ 2019…

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