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Cubanos viven un Vía Crucis que no termina

Son alrededor de 100 carpas, duermen dos o tres y hasta personas apiñadas; y en que antes eran oficinas, ahora colchones y ropa por todas. Es el lugar donde sobreviven 292 cubanos en un sofocante calor.
Son 175 entre hombres, mujeres, niños y embarazadas durmiendo en carpas afuera del edificio de Pastoral Social Cáritas Panamá y dentro de las oficinas
unos 117 más. Aunque no reúne las condiciones apropiadas, al menos tienen
comida y sitio donde dormir hasta que se resuelva su situación. Su odisea los ha llevado de Cuba a isla a Guyana, Venezuela, Ecuador, y desde Colombia, pasan a Panamá.

Sus desgarradoras historias de asaltos, de peligrosa travesía por la selva, le ha hecho sentir que han pasado por un Vía Crucis que no termina.
Hermanos, primos, cuñados, abuelos, familias enteras, han pasado
momentos difíciles como nos cuenta Isolina Vidal, que salió de Cuba por la situación económica. Llegó a Ecuador y de ahí salió sola, ya su hija, yerno y nietos habían partido por delante.
A sus 63 años decide lanzarse al viaje y entró por la frontera de Panamá con Colombia. “Todo el mundo me decía que no iba a llegar por mi edad”. Comenta esta cubana que durante su travesía por la selva panameña estuvo a
punto de caer a un precipicio, de no ser por un joven que la sostuvo,
pero en el percance su rodillo sufrió una herida profunda. “Llovía a cántaros de día y de noche, las ropas se secaban en nuestro cuerpo para volverse a mojar hasta que llegamos a Laja Blanca en Darién”, lugar en el que se encontró con otros paisanos varados y a la espera de respuesta
a su situación. “Tenía un intenso dolor en la pierna y mucha fiebre, ahí en
Laja Blanca me dieron los primeros auxiliaros, pero fue ya en la ciudad de Panamá donde fui atendida en el salón de urgencia del hospital gracias a Dios y a la Cáritas, ahora puedo caminar”dijo Isolina.
Rita María Triana es también sobreviviente de la selva panameña. Salió en septiembre de 2016 hacia Trinidad y Tobago, luego llegó a Guyana, pasó por
Venezuela, Colombia; pero el  paso obligado era atravesar la
selva panameña. “Es una selva espesa con muchos barrancos y muchos animales, y subimos muchas lomas” relata y toma su tiempo para continuar. Cuentaque durante el viaje se fracturó el maléolo -rotura de la prominencia
ósea en la parte externa del tobillo-.

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