La voz del pastor

Cristo de Esquipulas

El historiador Gaspar Rosas Quirós dice que cuando se construyó el Templo Mayor de la iglesia de Antón, a mediados del Siglo XVIII, todavía no se hacía mención del Cristo de Esquipulas, que luego gozará de gran veneración en la comunidad. Por su parte, Agustín Jaén Arosemena sostiene que fue Monseñor Sebastián de Aguilera quien organizó las fiestas patronales del Santo Cristo de Esquipulas en 1867. Sin embargo, la pregunta es ¿cuándo y cómo llegó esta imagen a esta humilde población? Para Rosas Quirós, ella vino de la región guatemalteca de Esquipulas, de donde es oriundo el Cristo Negro, tallado por el portugués Quirio Cataño en 1594. Este Cristo, que apareció en Antón, lo habría confeccionado el propio Cataño. Hay otra versión de Rafael Isaza Vieto, quien sostiene que la imagen la trajo el cura Marcelino Vega Vissueti desde España, a inicios de la cuarta década del siglo XIX.

Otra versión dice que unos pescadores la rescataron de la playa de los Azules, camino a Los Pantanos. Éstos la recogieron, venía en una caja de tabla con la inscripción: ‘Cristo de Esquipulas’. La trajeron al pueblo, donde se quedó para siempre.

La imagen del Cristo de Esquipulas,  veneramos a Jesús crucificado, en tiempo del imperio romano, pero que ha dado su vida libremente, por amor a nosotros. Sin embargo, aunque veneramos mucho esta imagen, no podemos quedarnos solamente en la cruz. Nuestra fe no tendría sentido si el cuerpo de Jesús Cristo hubiera quedado para siempre en la tumba. Nuestra fe nos dice que Cristo ha resucitado de entre los muertos, que está vivo y presente en la Iglesia y en el mundo y que nos ha dado su Espíritu, para que tengamos la vida eterna.

Los evangelios  hablan de la alegría y la esperanza que nos da la fe en Cristo Resucitado.  Para el discípulo a quien amaba Jesús, las vendas y el sudario sobre el suelo fueron pruebas suficientes de la resurrección de Jesús. Él “vio y creyó.” Nosotros, como cristianos, apoyamos nuestra fe en el testimonio de los primeros discípulos. Además comprobamos en nuestra vida la presencia y la acción de un Jesús que está vivo en nosotros. Él no es un simple personaje del pasado. Está en la gloria del Padre, con su cuerpo resucitado y su alma, a la ves  vivo e intercediendo por nosotros. Él desea tener una relación personal, de amigo a amigo, con cada uno de nosotros. Él no descansa hasta que entre en cada uno de nuestros corazones. Él nos dice en el Apocalipsis: “Mira que estoy de pie junto a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.” Cuando tenemos un amigo, lo invitamos a cenar en nuestra casa. Jesús se hace el invitado para cenar con nosotros.

Nuestra peregrinación al Santuario del Cristo de  Esquipulas, hoy es una oportunidad única para decirle sí a Cristo, ofrecerle nuestra vida, ofrecerle nuestras preocupaciones y nuestras intenciones, para pedirle perdón por nuestros pecados y reafirmar nuestro propósito de estar más conectado con Él, pase lo que pase.

El Cristo vivo, el Cristo amigo, el Cristo enviado confía en nosotros y nos envía para que prosigamos su misión. Nosotros somos la Iglesia y la Iglesia tiene que estar en estado permanente de misión. El Papa Francisco nos invita a salir de nosotros mismos, a dejar la mundanidad y la idolatría y a preocuparnos de lo esencial. Y ¿qué es lo esencial? Es nuestra salvación, el gran regalo de Dios. A la salvación tiene que corresponder una vida de amor hacia Dios y hacia nuestro prójimo. El Papa Francisco nos dice “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.” La alegría de la fe no es una alegría superficial. No es como la alegría pasajera que dan el alcohol, las drogas, el dinero mal adquirido o el amor sin responsabilidad, hoy nos hemos acercado al Cristo que da esperanza y nos invita a seguirle todo los días, siendo Iglesia comprometida.

BIBLIOGRAFÍA

– La Estrella de Panamá, miércoles 15 de enero de 2014.

– Mons. Guido Charbonneau, obispo de Choluteca, homilía en la fiesta del Santo Cristo de Esquipulas (15/01/2014), Honduras.

– SS Francisco, Alegría del Evangelio (24/11/2013).

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