Curso BíblicoEspiritualidad

¿Es crimen desear que todos tengan vida?

Llegamos al momento culminante de la vida de Jesús: su enfrentamiento con la ciudad de Jerusalén y sus poderes, que mantienen al pueblo sometido, incapaz de crear historia. Jesús es condenado a muerte, y esto trae el juicio de Dios sobre las fuerzas que dominan la sociedad y la historia.
Los soldados llevan a Jesús para ser crucificado, pena que el Imperio romano reservaba para los enemigos subversivos. Jesús sufre la pena, porque su proyecto supone subversión total.
Las mujeres lloran, pero Jesús les dice: No lloren por mí. Lloren más bien porque el proyecto de Dios está siendo rechazado, y esto les costará muy caro. Y costó caro, cuando Palestina y Jerusalén fueron completamente subyugadas por el Imperio romano.
Jesús es crucificado entre criminales. ¿Por qué? El pueblo reacciona mirando; es testigo pasivo o impotente. Los jefes se burlan de Jesús y del proyecto de Dios, proyecto que ellos mismos traicionaban.
Jesús, muere gritando como el suplicante del Salmo 31,6: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿Y las reacciones? El oficial del ejército romano reconoce la justicia de Jesús. Los conocidos de Jesús y las mujeres se quedan a distancia. No hacen nada… deben mirar para comprender. Ellos serán los futuros testigos, que continuarán lo que Jesús comenzó. En su mirada se esboza la comprensión que se desbordará en palabra y acción.
¿Cuál será la justicia de Dios? Primero, la revelación de la perversidad que domina a la sociedad, que mata al inocente, señalando como crimen solamente la búsqueda de la justicia. Segundo, acogiendo al justo en la Vida y haciéndolo resucitar y continuar vivo. La lucha continúa con la certeza de que Dios apoya la causa por la cual luchan los justos.

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