CatequesisEspiritualidad

El camino de renovación de la catequesis

La catequesis ha asumido formas muy distintas a lo largo de la historia, y más recientemente, los efectos del Concilio Vaticano II la van transformado profundamente. Es necesario contemplar sus inicios, pues la catequesis ha dado forma, unidad y sentido a la Iglesia a lo largo de sus primeros siglos en medio de no pocos conflictos que orientaron su desarrollo.

En los inicios de la Iglesia primitiva, no era común la catequesis organizada en templos, sino que la Fe se compartía en las casas, narrando la vida y obras de Jesús unidos en comunidad. Los contenidos de la catequesis eran un conjunto de enseñanzas que proporcionaban entendimiento acerca de los principios que debían regir la vida entera de la persona. Estas catequesis constituyeron más tarde lo que hoy conocemos como Nuevo Testamento. Los evangelios son fruto de la tradición transmitida por los discípulos de Jesús, estos mostraban el estilo pedagógico del Maestro y la predicación apostólica, de manera que funcionaban como un itinerario, para madurar la fe y abrazar la noticia del Reino de Dios.

Las comunidades se consideraban a sí mismas como responsables de esta enseñanza a los aspirantes a la cristiandad, es decir, que la comunidad catequizaba y apoyaba con su oración a los que buscaban formar parte de ellas.  Ya en la mitad del siglo II, alguien que aspiraba a ser seguidor de Jesucristo era introducido en una jornada de preparación con implicaciones tanto personales como públicas.

Es aquí donde surge el énfasis de la catequesis en el aspecto pre- sacramental, pues no era bautizado quien no era creyente o no había cambiado de vida. Los aspirantes pasaban por un proceso, a veces de tres años, para llegar al conocimiento de quien era Cristo, y qué significa ser cristiano. Se esperaba que la enseñanza hiciera resonancia en la vida de cada uno. Una vez preparados, recibían el Bautismo y eran integrados a la vida de la comunidad cristiana.  Este periodo fue tomando estructura y organización en etapas, se le conoció con el nombre de catecumenado.

Hoy, corresponde actualizar esta riqueza de la catequesis vivida en las primeras comunidades, proponiendo un discipulado permanente, acompañado por una comunidad cristiana, dispuesta a anunciar la buena noticia de una Vida Plena.

Artículo anterior

La cultura del encuentro vence la indiferencia

Siguiente artículo

La primera comunidad (Hch 1,12-26)