Curso BíblicoEspiritualidad

El camino de la liberación

Lucas 9, 51-10,24: Aquí vemos que a Jesús le ha llegado la hora de enfrentarse a las consecuencias de su actividad liberadora junto al pueblo. Él sabe que en Jerusalén lo matarán. Los samaritanos, enemigos de los judíos, le niegan alojamiento. No se imaginan, ni ellos ni los discípulos, que Samaria será más tarde uno de los primeros lugares en ser evangelizados.

Muchos son invitados a acompañar a Jesús en el viaje liberador. Las condiciones son claras: estar dispuestos a ser un andariego sin hogar y seguridad, a no apegarse a la familia, entregándose a la misión de anunciar el Reino, sin echarse para atrás. El seguimiento exige total disponibilidad, y lo difícil para quienes quieren ser discípulos no es escoger en el bien y el mal, sino entre lo bueno y lo mejor.
La misión confiada a los doce ahora se amplía. Setenta y dos es un número simbólico, que muestra que no es solamente un pequeño grupo el que continúa la obra de Jesús, sino todos los que lo siguen, en forma organizada (de dos en dos). La misión es peligrosa y urgente (en medio de lobos). No hay que perder tiempo, al llegar a un lugar que lo hagan con el saludo de “Paz”, es una fórmula de bendición. El núcleo de la Misión es anunciar el Reino y realizar actos concretos (curar las enfermedades del pueblo). ¿Y el que no lo acepte? Sacudir el polvo de los pies es un acto de rechazo y juicio. No se debe perder tiempo con el que rechace el anuncio y la práctica del Reino. En el día del juicio, Dios tendrá más misericordia con Sodoma, la ciudad pecadora, que con las ciudades que rechazaron el Reino de Dios.

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