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Obispos, sacerdotes y diáconos están llamados a servir a los demás
Ordenado nuevo diácono para la Iglesia que peregrina en Panamá

Momento de la imposición de manos, un don de Dios, que se recibe del Obispo y la Oración Consecratoria, es decir, por el sacramento del Orden, para colaborar con Él en el cuidado del pueblo de Dios.

  • El diácono “es maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, de la Eucaristía y los sacramentales”.

Aladino A. Zambrano G.

Carlos Icaza Sibauste recibió el sacramento del Orden en el grado de los diáconos, por la imposición de manos y la oración consecratoria presidida por Monseñor José Domingo Ulloa, Arzobispo de Panamá, quien recordó que lo central de este sacramento es el servicio a la Iglesia y sus hermanos.
La ceremonia tuvo lugar en la Parroquia San Juan Apóstol, en Brisas del Golf, el martes 4 de diciembre, con la presencia de varios sacerdotes, diáconos permanentes, familiares y amigos del candidato, y la comunidad parroquial.
La presentación del elegido ante el obispo, para el orden diaconal fue hecha por el Padre Marlo Verar, Vicario para el Clero y el Diaconado Permanente. En esta ocasión fueron instituidos como Lectores nueve aspirantes del programa que lleva adelante la Arquidiócesis de Panamá.
Al inicio de su homilía Monseñor Ulloa destacó la importancia de encontrarnos, y que un hermano viene a confirmar también la vocación de todos nosotros. Este acontecimiento motiva una profunda alegría; pues, la vocación diaconal es un llamado al servicio, a servir a los demás.
También reafirmó ante la comunidad: los obispos, sacerdotes y los diáconos estamos llamados, teniendo como modelo a Jesús, a servir a los demás.
Haciendo un paréntesis, Monseñor Ulloa manifestó que nunca ha dejado de ser diácono; “esa ha sido mi primera vocación, mi primera ordenación, a ser diácono, a ser servidor”, manifestó.
Dejó claro que la realidad del servicio la debe tener todo bautizado, y la Iglesia lo lleva al plano de sacramento. Recordó que en este año de la Fe estamos llamados a profundizar en la doctrina del Concilio Vaticano II y en la doctrina del Catecismo, lo que significa que cada miembro de la iglesia debe profundizar sobre el conocimiento de la palabra sacramento.
“El servicio, hoy, a través del sacramento del diaconado lo elevamos al rango de sacramento, es decir servicio que es signo de Jesús, tal como nos lo dice el evangelio”, y agregó que el Hijo del hombre no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por nosotros”.
Manifestó que este sacramento de los diáconos nos vuelve a decir a nosotros una gran verdad, la soberbia del hombre se cura con la humildad de Dios. La soberbia nuestra se cura descubriendo a un Dios hecho hombre, a un Dios servidor de todos, por eso la soberbia nuestra solo se curará con la humildad.
Durante su homilía también se refirió al restablecimiento del diáconado para los hombres casados, que se da luego del Concilio Vaticano II, y aclaró que el sacramento del matrimonio no riñe con el sacramento del diácono.
Monseñor Ulloa también recordó cuáles son las tareas esenciales del diácono: debe cumplir con la diaconía de la palabra, de la liturgia y de la caridad.
El diácono “es maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, de la Eucaristía y los sacramentales, participa en la celebración de la Santa Misa en calidad de “ministro de la sangre”, conserva y distribuye la Eucaristía; “es guía, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial”. De este modo, el diácono asiste y sirve a los obispos y a los presbíteros, quienes presiden los actos litúrgicos, vigilan la doctrina y guían al Pueblo de Dios.

En la ceremonia del 4 de diciembre, Monseñor Ulloa confirió el Ministerio del Lectorado a un grupo de nueve aspirantes al Diaconado Permanente.

 

El Señor Arzobispo presenta a la comunidad al nuevo diácono Carlos Icaza Sibauste, que estará al servicio de Dios en la Arquidiócesis de Panamá.

 

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