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En verano estamos todos comprometidos con Dios

Grupos juveniles cada año, de las diferentes diócesis del país se organizan para vivir varios días de misión. Hacen propias las palabras del papa Francisco y salen de sus comodidades para hacer lío, sacan a sus grupos juveniles de la rutina y llevan la Buena Nueva a lugares donde su presencia prácticamente es nula.

Eric Quiros, joven estudiante del Seminario Mayor San José  manifiesta que con mucha emoción prepara su equipaje para vivir nuevamente la experiencia.  Relata que la bolsa tiene que ser liviana, “pues en algunos lugares se camina bastante, así que poca ropa, un buen calzado, adecuado para el lugar donde tienes que caminar para evangelizar, biblia, liturgia de las horas, no pueden dejar la oración y  diferentes recursos para dar las catequesis”.

El seminarista comenta que en estos lugares les esperan con mucha sed y hambre de Dios, “se ponen contentos, no por vernos a nosotros sino por quien llevábamos”.

Eric asegura que los laicos son una gran ayuda para la misión de la Iglesia, cada vez que un joven se compromete a formarse y a participar, aporta un granito de arena para toda esa gente que nos espera y que no quieren sertirse0 olvidados.

Ciertamente los sacerdotes no pueden solos con tantas comunidades. Por ejemplo Chepo está conformada  aproximadamente  por 100 comunidades, y ahora solo tiene un sacerdote franciscano capuchino para atender toda esa área.

Enero siempre ha sido un mes de misiones, se aprovecha que el invierno ha pasado y pueden llegar a lugares de difícil acceso.

Irse de misiones requiere de un proceso serio de discernimiento, preparación y maduración. Para muchos jóvenes sería imposible pensar la posibilidad de pasar veinte días sin televisión, amigos, novias, celular y  fiestas. Este joven seminarista  afirma que los amigos, las fiestas y el tiempo para ello siempre sobrarán,  pero para entregar todo eso a Dios, por otros hermanos, “créanme que es inexplicable, la felicidad está en dar, jamás se arrepentirán”, dijo.



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