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Vacúnate contra la alergia a la fe

¿Puede alguien ser alérgico a la fe? Yo creo que sí. Y hay una explicación sencilla para eso. Como todo miembro de pastoral juvenil, hay mucho en el catálogo de actividades y opciones. Algunos cantan, otros bailan, uno que otro actúa y así nos vamos en la lista de carismas. Pero si hay algo que va en el paquete del joven católico sin opción a cambio son las formaciones y la oración.

Formarte y asistir a retiros o encuentros de oración representa la base espiritual para que toda la actividad que haces y la taquilla que despliegas en redes sociales de que eres activo en la Iglesia, tenga sentido.

Y aquí viene la parte interesante y hasta irónica. Los jóvenes no tienen problemas en trasnocharse armando toldas para una feria, o estar de pie por tres horas en un encuentro juvenil de saltadera y música.

Eso está bien, el mismo Papa Francisco ha pedido que los jóvenes hagan líos y su actuar sea visible para los fieles y los que no, demostrando que la juventud católica está viva. Pero, ¿y la otra parte? ¿Dónde se meten cuando se les llama a orar, a estar dos horas en el Santísimo, a irse de retiro de carnavales?

Queremos pertenecer a un grupo de la parroquia, pero nuestra actitud es conformista, es de pereza y optamos por el camino bonito de las actividades y no por querer vivir a plenitud un camino de fe. Por eso es que podemos decir que somos casi que alérgicos, porque no hemos comprendido la importancia de tener a Jesús como centro de nuestra vida.

En consecuencia, mi invitación es clara hoy: ante una alergia de fe, apliquemos una buena dosis de Eucaristía, formación, oración y carácter de compromiso para dejar este mal que tanto nos afecta.



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