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Positivos y realistas con nuestros propósitos

Algo que debemos tener claro antes de establecer nuestros propósitos para este año, es que no somos ni Superman ni la Mujer Maravilla para lograr metas inalcanzables. Sí, ciertamente contamos con la ayuda de Dios, pero debemos ser realistas sobre los retos que vamos a proponernos, conocer nuestros talentos y capacidades.

La idea es que no te des por vencido a fines de enero y luego te desmotives por no creerte capaz  y empieces una vez más a engañarte a ti mismo fingiendo que nunca te estableciste esas metas. Ciertamente es muy importante que seas una persona positiva pero debes ser realista, no confundas tu optimismo con los logros reales.

Si te sientes fracasado por no cumplir una que otra meta del pasado año, esto debe enseñarte  y darte la clave para aplicar mejores criterios de eficacia en los nuevos propósitos.

Las Sagradas Escrituras nos aconsejan en Proverbios 4:26: “Tantea primero el suelo bajo tus pies, para que tu andar sea seguro.” Claramente nos dice que debemos saber hacia dónde nos dirigimos  para plantearnos un rumbo específico.

Cuando esto sucede, es decir,  cuando sabemos hacia dónde vamos, hay un factor que no puedes pasar por alto.

“Acuérdate de tu Creador”

Si quieres ser feliz de verdad, toma en serio esta recomendación del sabio rey Salomón: “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos” Eclesiastés 12:1, en otras palabras, al tomar decisiones que afecten tu vida, tu mayor prioridad debe ser agradar a Dios.

El sacerdote Alfredo Uzcátegui, Vicario de la parroquia Espíritu Santo, sugiere a ti joven, plantearte   propósitos reales que te hagan una mejor persona en relación contigo, con Dios y con los demás, sin olvidar tu entorno natural.

Pregúntate  a ti mismo qué quieres lograr, cómo, cuándo, para qué. ¿Aspiras a tener más o ser más?  El padre Alfredo asegura que en el orden que pongas tus metas dedicarás tus medios para alcanzarlas. Tú eres quien deberá jerarquizarlas, puedes ir por todas a la vez o puedes empezar por dos de ellas e ir incorporando cada semana una más.

El presbítero nos explica que día a día nos vamos haciendo, se van adquiriendo hábitos y destrezas, aprendemos de los errores y uno mismo se va animando cuando ve que las cosas se van logrando.



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