CatequesisEspiritualidad

El catequista y la pedagogía de la escucha

El catequista acompaña a sus hermanos y los conduce a aguas tranquilas, es decir al encuentro profundo con Jesús. Para esta labor es necesario, saber escuchar y enseñar a escuchar, al estilo de Jesús. No simplemente como una actitud para que otros se desahoguen, sino, atentamente pensando en que cada miembro de nuestra comunidad se sienta escuchado y así aprenda también a escuchar, de esta forma, cada uno ayudara a sanar y recrear los vínculos personales, que comúnmente están lastimados.

La escucha abre la puerta al dialogo de sincero y hace posible la empatía ayudando a reducir distancias y resentimientos. Esto nos debe alejar del peligro de empobrecer las catequesis, como solo charlas, una clase o adoctrinamiento con palabras frías y contenidos distantes de la realidad y el tiempo en que vivimos. Cada uno de nuestros encuentros debe estar lleno de oportunidades para la escucha y el compartir en el camino del aprendizaje, que en muchos casos, puede ser aprendizaje en ambas direcciones, y no solo de la comunidad a la que servimos.

Si queremos animar verdaderos encuentros de catequesis, pidamos a Dios la gracia de la escucha. Escuchar es también capacidad de compartir preguntas y búsquedas, sin complejos de superioridad para unirnos como pueblo de Dios cada uno en el servicio que realiza para el bien de la comunidad donde todos somos hijos de Dios.

No siempre es fácil escuchar, a veces es más cómodo hacerse el sordo, ponerse auriculares para no escuchar a nadie, o utilizar emails, chats, o un video o ser selectivos para escuchar algunos.  A nosotros catequistas, nos corresponde en nuestra misión, la pedagogía del dialogo.  Nuestros gestos y palabras hagan presente el rostro de la Iglesia atenta y abierta a las preguntas y a las experiencias de los miembros del grupo al que servimos. María es la experta en todo esto. Que ella sea nuestra maestra para ser hoy lo que nuestras comunidades necesitan.



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