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La organización de la comunidad

(Hch 6,1-7) La situación aparentemente es simple: las viudas de los cristianos de origen griego (helenistas) no están recibiendo la atención de la comunidad. El problema residía en que los hebreos (cristianos de origen judío), no se sentaban a la misma mesa con los helenistas y prosélitos (paganos simpatizantes del judaísmo), puesto que según la ley, ésto los volvería impuros.

La comunidad se ve forzada a enfrentar este problema. Se trataba de un estilo de vida que tenía que adaptarse a las nuevas circunstancias. El cristianismo está abierto a todos, pero ¿podrá el mensaje cristiano desvincularse de su “ropaje” cultural?

La decisión no viene dada verticalmente. El problema es confiado a toda la comunidad, para que participe y llegue a una decisión. Los Doce no quieren mezclar el Evangelio con la economía.  Surgía así un nuevo estilo de comunidad, sin las observancias de la ley y sin frecuentar el Templo.

La forma en que se llega a la decisión es verdaderamente democrática. Todos son puestos al corriente e invitados a participar. Los siete hombres que van a dirigir un nuevo estilo de comunidad, son escogidos por la misma comunidad: la levadura cristiana va fermentando todas las clases de pan, y no únicamente el judío. Una auténtica lección de ecumenismo interno; la fe cristiana no exige que todos usen el mismo vestido. Se puede ser cristiano en una cultura diferente.

La imposición de manos indica la transmisión del don que la persona posee. Ahora los Siete disponen del mismo carisma que los Doce.

La conversión de los sacerdotes judíos demuestra que el cristianismo encuentra adeptos en el bando contrario. Así la gente descubre que la salvación está precisamente en aquello que con mayor ardor combatía.



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