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En la Navidad, el mejor regalo eres tú

Uno de nuestros hijos posteó que en su casa la Navidad dura todo el año, junto a una foto del arbolito que permanece en la sala. Eso nos animó a compartirle que sí, que era verdad, porque ese símbolo nos recuerda invitar a Jesús a nacer cada día en nosotros. Y con ello conservar, durante los 12 meses, esos sentimientos de paz, unidad, solidaridad que hasta diciembre permanecen rezagados.

Aunque en algunos casos duele la ausencia por la familia incompleta, por quienes se han ido a la casa del Padre y más, la Navidad siempre tiene un sabor de esperanza.

El Adviento nos prepara para la llegada de la Luz del mundo, aquel que venció a la muerte y se regaló a nosotros adjuntando como un bono la promesa de salvación.

Este tiempo de espera nos invita a ser agradecidos, a compartir, a valorar más lo espiritual que lo mundano e inferir que el mejor regalo es nuestra presencia, afecto, compañía y tiempo.

Es una época para detenerse y contemplar las maravillas que ha hecho el Creador por nosotros, alentándonos a un encuentro personal con Él.

Acoger al Señor en nuestros corazones es disfrutar de una fiesta sin fin, como su reino; experimentar el gozo de dejarlo entrar ¡todos los días!; comprender la grandeza de aquel que siendo Rey encarna entre los pobres, para demostrar que es posible ser obedientes y cumplir la voluntad del Padre



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