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Dios nos escucha siempre

Una de mis lecturas bíblicas favoritas corresponde a Éxodo 33, 7-17. La misma  hace referencia a una ocasión en que Moisés entró a la tienda de las Citas a hablar con Yavé, para pedirle que le diera a conocer sus caminos, y a su vez, para que le acompañase tanto a él como al pueblo de Israel, pues su presencia sería lo que los distinguiría de todos los pueblos de la tierra. La respuesta de Yavé fue la siguiente: “Lo haré, pues te di mi preferencia y te conozco por tu nombre”.

Esta lectura bíblica me dio la respuesta a preguntas que en algunas ocasiones me había hecho. ¿Será que Dios me escucha? ¿Conocerá mis necesidades? ¿Sabrá lo que me pasa? Por supuesto que sí, ahora estoy segura de ello, porque Él me conoce por mi nombre y a usted también por el suyo. Para Dios cada uno tiene una historia y cada rostro un nombre. Dios es misericordioso y siempre acude en nuestro auxilio. Él responde, nos cuida, escucha e interviene para salvarnos. El Señor conoce a los suyos y nuestro nombre indica que hemos llegado a ser únicos e irrepetibles para Él.

Son muchos los personajes bíblicos que escucharon el llamado de Dios; de allí, lo importante que significa estar atentos, para que así respondamos como Él espera de nosotros; tal como lo hizo en algún momento Samuel cuando dijo: “Habla, Yavé, que tu siervo escucha”, o nuestra Madre María cuando le dijo al ángel: “Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho”.

Amigo lector, Dios sabe cuál es su nombre, Él le conoce muy bien, está pendiente de sus problemas y le va a ayudar a resolverlos. No tenga duda de ello. En Isaías 43,1 nos da esa certeza cuando dice: “no temas, porque yo te he rescatado; te he llamado por tu nombre, tú eres mío”.



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